Esta soy yo.


"Lo que inició como un espacio de desahogo, se convirtió en un espacio de testimonio. Lo que Dios ha hecho en mi vida, es mi deber contarlo. No para mí sino para glorificar Su Nombre, sobre todo nombre. Él vive, Él nos ama, Él es real. Él cambió mi vida, para siempre."

lunes, 11 de enero de 2016

Lectores en las garitas

Ayer, por fin terminé una novela de 195 páginas que me había parecido inusualmente lenta, enredada, y sosa, al punto de estar a páginas de dejarla y sentir perdida mi inversión de navidad. Le achacaba la lentitud a la traducción, muy española, siendo el autor, francés. También culpaba al juego de nombres de sus protagonistas, todos comenzando por G. Fueron inculpadas la rutina del protagonista, los lugares que visitaba, grises como él. Mejor dicho, no encontraba acomodo para este pequeño ejemplar. Sin embargo, los ojos saltones de la portada son una súplica a la lectura. No me rendí. Finalmente, comenzó a enredarse la trama, o mejor a desenredarse de tal manera que solo tuve paz, cuando lo terminé, con una sonrisa de oreja a oreja. Y con ganas de más.

La historia trata de un operador de una máquina brutal cuyo único fin es destrozar libros, volverlos pasta y devolverlos a las imprentas convertido en un bulto sin forma. Le llaman la Cosa. Todos le temen a la Cosa, y el protagonista, sólo es una parte cruel de la cadena de producción del libro, el último eslabón, el de la destrucción. Asiste diariamente durante su monótona e intrascendente vida diaria al aniquilamiento masivo de libros no leídos. Como penitencia diaria, lee las únicas y huérfanas paginas que sobreviven a La Cosa, recitándolas en el tren que todos los dia toma al trabajo. Una especie de funeral diario, horna póstuma a esos libros destruidos. Y mientras su vida aburrida existencia sin vaivenes transcurre, de pronto, un solo acontecimiento la cambia para siempre. Recordé entonces ese bellisimo libro que me leí hace un par de años, La Elegancia del Erizo" La historia de esta portera mujer guardiana de las murallas de un decadente edificio burgués en París, a la que nadie saluda, de la que nadie se despide, de la que nadie sabe nada. Hasta que el puro azar hace que ella, un ser gris, embebido en su único pasatiempo, la lectura, conozca a un par de personajes que le cambian la vida, y a la que ella les cambiará la suya.

Hace una semana, justo terminando el año, le di al portero mis felicitaciones cuando salía a mi cena de San Silvestre. Si bien me había fijado en las gafas que estrena hace un par de meses, me llamó la atención la distancia que tenía con respecto a sus ojos. Estaban ubicadas a media nariz, la típica posición de quien es interrumpido mientras lee, para reparar de lejos y atender en la distancia. Ese aire intelectual de mi portero, no lo conocía y le pregunte si estaba leyendo. Me respondió que si. -Y que lees, Rey?, anticipando una respuesta mas o menos parecida a Crucigramas, Sudoku o algo similar. - "Historia, Señora Pamela. - Le gusta la historia, Rey? " Historia, novelas de guerra, todo o que sea acción. Si. Eso me gusta". En un país que cada vez lee menos, encontrarme con mi portero lector, potencial contertulio de libros que no tienen con quien comentarse me ocasionó un enorme placer. Saber que los protagonistas no estan solo en los libros sino abajo en cualquier garita, o en cualquier fábrica de producción reaviva la esperanza de historias escondidas esperando ser contadas. De vidas en apariencia simples, repletas de matices y colores.

Soy Pamela Cruz escribiendo hoy 10 de enero del 2016 sobre los Lectores en las garitas, seres extraordinarios invisibles ante nuestros ojos, ojos que solo ven superficialidades, que solo ven lo evidente.