Es inevitable cuando se acerca el 7 de abril, el renovar los afectos por mi ciudad adoptiva. Siendo cachaca de nacimiento, la sangre tolimense corre por mis venas. Pero mi corazón, desde los 2 años, es y será Barranquillero. Los recuerdos de Elias Chewing, aquel viejo flacucho y desgarbado que se metía cada 7 de abril a nuestro colegio y nos hacía entonar el himno de Barranquilla mientras se paseaba ondeando enérgicamente la bandera entre sus brazos, como si con ello nos diera más fuerza en la voz, fue quien dejó la impronta del himno en mi ser. Me sentía culpable si no lo cantaba con la misma pasión del otrora gloria del baloncesto nacional, primer colombiano en jugar en USA y cuyo vestigio honrando su memoria se deteriora cada día, mas- el Estadio de Basquetball Elias Chewing, usado para todo menos para recordar a quien se le regaló su nombre.
Ayer sábado, 2 días después del cumpleaños de Barranquilla y después de recibir cientos de Memes que declaraban fidelidad absoluta, amor encendido y total desprecio por todo lo terreno a esta Barranquilla amada por todos pero abandonada por muchos, yo seguía tatareando la canción lentamente, como quien digiere un manjar, recordando cada estrofa. Recogí a mi hijo y cuando se montó en el carro, me interrumpió. "Ajá mamá por qué cantas el himno si el día ya pasó?". Yo traté de explicarle el significado de esa Barranquilla pujante, retratada en cada estrofa. La adolescencia es especialmente cruel: "no sé para que lo cantas. Barranquilla no está retratada allí. Ese himno no se parece a esta ciudad". Demoledor. Implacable. Contundente. Continué el trayecto en silencio para afuera, cantando por dentro y analizando cada estrofa para encontrarle sentido a sus palabras.
- Mientras recorría el camino a casa, y cantaba para adentro "Savia Joven del Árbol Nacional", contemplaba con tristeza los cadáveres de los que en el cercano pasado fueron árboles, destruidos por la pajarita sin que nadie hubiera hecho el menor esfuerzo para salvarlos. Tanto sacrificio que hicieron en los años 40 para sembrar lo que disfrutabamos hoy, destruidos para el beneficio de no se sabe quien. Leí hace poco que el DAMAB comenzará a cambiar las palmeras muertas por nuevas de la misma especie. Las viejas solo tenían 8 años. Jamás estuve de acuerdo con ellas. Negocio redondo para el contratista. Y para todos los interesados en el ciclo corto de los árboles que menos duran en el mundo.
- "Da su voz y su músculo al progreso", da cuenta de cuanto nos matamos los Barranquilleros por aportar al progreso de la ciudad, nadando contra la corriente en un mar de impuestos locales y absurdos que hacen cada día más difícil seguir poniéndole el músculo al progreso. Pensaba en el caos vehícular que hace mas titánico ser productivo. Se transita por las vías con el sincero temor de ser víctima del fleteo estatal. Alertas a no subir la velocidad en vías que deberían ser rápidas para no tener foto multas que engordan los bolsillos particulares a nombre del distrito, que nos debería cuidar. Pagamos a cuenta-gotas sendos impuestos ilegales, como el de la telefonía móvil. Resignados juntamos para los aumentos macondianos al predial, mientras los vivos que usan nuestro músculo para su progreso, pagan por valiosos predios, sumas irrisorias, si es que las pagan. Sufrimos apagones que jamás pensé volver a repetir por cuenta de una empresa de energía inoperante, que no hace la tarea, con la vista gorda de quien en su campaña electoral prometió sacarlos si no marchaban derecho, como deberían.
- De "las sirenas de fabrica y taller", solo quedan bodegas vacías y fantasmales, que poco a poco le dan paso a construcciones y construcciones de cara al río. Dejamos hace mucho de ser una ciudad de fábricas y talleres. Ahora somos comercio y servicios mientras algunos tercos luchan por mantenerse a flote, en honor a sus ancestros fundadores.
- Llegué a casa y leí el himno completo, con la historia de su creación, tarea encomendada a la Sociedad de Mejoras Públicas para reconstruir la confianza de una población que se sentía derrotada. 70 años del Himno de Barranquilla La descripción de los patios de antaño me dejó mas triste aún
"En el ímpetu verde y tropical
de tus patios de mango y de jazmín
es pasión el susurro nocturnal
del follaje, del tiple y del flautín"
Poco a poco se van acabando las cuadras. Aquellas llenas de mango y de jazmín, de ciruelos, de pajaritos y de reuniones entre amigos. Se han reemplazado por desordenados edificios dispuestos al azar, que ocultan el sol, que crean cámaras de aire irregulares y cuyos frentes egoístas no dejaron espacio para un poco de sombra, de esa que produce oxigeno y no monóxido. Adiós balcones, adiós jardines, adiós mangos y jazmines. Aqui no hay control urbano, al menos no uno que piense en la Bella Barranquilla.Mientras la ciudad cambia su esencia para beneficio de algunos que se lucran de ella, los Quilleros que la aman con amor incondicional, con ese amor frenético casi enfermizo, poco o nada hacen para detener las arbitrariedades que se cometen en el nombre del desarrollo, en el nombre del mejor vividero del mundo. Es mas fácil glorificar lo poco que hacen para ocultar lo mucho que nos quitan.
Hace unos días me llegó un chiste de un hombre que va al médico porque tiene varios días con diarrea. El medico el envía una medicina y luego se da cuenta que le recetó calmantes y no el tratamiento adecuado. Llama al señor y le pregunta como se siente: El hombre contesta con voz alegre y tranquila: "Bueno doctor, cagado pero Feliz."
Soy Pamela Cruz, escribiendo el 10 de abril sobre nuestra curiosa forma de vivir en este "El mejor Vividero del Mundo". Cagados pero felices.
PD: Un amigo que amo como mi hermano me dirá pesimista... pesimista sería si desistiera de seguir poniéndole el musculo al progreso!!!
PD: Un amigo que amo como mi hermano me dirá pesimista... pesimista sería si desistiera de seguir poniéndole el musculo al progreso!!!
