Soy la única loca llorando en este metálico pajarraco que intenta llevarme a la siguiente escala antes de irme al otro lado del mundo. En un viaje tan largo como el que estoy teniendo, las lentas horas se tratan de superar arrasando con la programación de cine. Y esta película ha merecido cada una de mis lágrimas: "La música nunca se detiene" o The Music never stopped.
Un hombre cuyo único hijo se fue de casa después de una amarga discusión, lo encuentra 20 años después convertido en un ente sin recuerdos, producto de un tumor. Extirpado el tumor, deben lidiar con un hombre que congeló sus recuerdos cuando hasta su adolescencia y que es incapaz de retener cualquier nueva información al mínimo plazo. Compartían una pasión por la música y en algún punto de la adolescencia, hubo una ruptura total de la comunicación entre ellos. El padre busca desesperadamente encontrar un tipo de conexión con su hijo y su memoria, incapaz de almacenar recuerdos nuevos. Ese mismo desespero lo conduce a sumergirse en el "incomprensible ruido" que el chico escuchó a partir del año 58, logrando conectarlo con el mundo por medio de la música, mientras sana, 20 años después, su deteriorada relación. La historia es real y se basa en el libro llamado "El Último Hippie".
La película me recordó que hace siete años mi hijo comenzó a escuchar un ruido que yo no entendía con una letra rebelde al extremo. "It's my live" de Jon Bon Jovy, producto de la "nociva" influencia que ejercía un amiguito, hijo de un papá rockero de los 80's. En esa época la música en inglés no era lo mío y me apasionaba más Miguel Bosé o Camilo Sexto que el montón de greñudos que conformaban bandas nuevas. Me vi obligada a escuchar a la fuerza al Bon Jovi para que tratar de entender el intrincado mundo masculino de mi hijo a sus 10 años de edad, y en ese ejercicio que me llevo un mes escuchando cada día la canción, hasta que me aprendí la letra y la cantábamos de camino al colegio, descubrí su impecable oído musical y la poca influencia que ejerce en él una buena melodía sobre una letra inteligente. He de confesar que nuestra relación madre- hijo no siempre es fácil. Tenemos el mismo temperamento. Sin embargo, existe una real comunicación entre nosotros gracias a la capacidad que desarrollé al escuchar sus canciones, sus historias y los argumentos para amar las canciones que él escucha o por lo menos respetarlas, cuando a mi no me tocan el alma.
Soy Pamela Cruz escribiendo el 27 de abril a 3 días de iniciar el mes de las madres, a aquellas madres o padres que alguna vez han querido volver a vivir esa preciosa temporada en que era fácil conectarse y entender a los hijos y, de repente, se convierten en dolorosos desconocidos. Aún en medio de la desesperanza, la rabia y el dolor, los padres siempre tendremos poderosas la capacidad de encontrar nuestra propia forma de construir recuerdos nuevos.
