Han pasado cerca de 2 meses desde mi último Post. Estuve en Australia, al otro lado del mundo en una misión de trabajo que a muchos les pareció paseo... incluyéndome a mi. Es que si haces lo que te gusta, todo termina siendo un paseo, ese viaje incluido.
Los 22 días fueron de un trajín que jamás esperé y por eso tengo un montón de borradores de historias que esperaba publicar, y que han quedado allí, en la bandeja de Borrador. Cuando volví me esperó una semana tenaz, con Jet Lag, pérdida de maletas, y cumpleaños incluido -45 para ser exactos y no faltar a mi promesa de revelarlos. Lo que no esperaba era que al final de esa semana ajetreada pero animada, tuviera un golpetazo material y moral que me dejara noqueada por un poco más de un mes. Como definitivamente, esta cabecita y este cuerpecito sólo procesa y supera cuando escribe, después de intentar olvidar, he decidido escribir sobre lo que nos pasó con el único fin de exorcizar ese mal rato, alejarlo de mi mente, de mi cabeza, y seguir adelante con mi vida.
Como una sorpresa encontré que mientras estuve de viaje fuimos robados de la forma más descarada posible: Se llevaron una cajita fuerte que guardábamos. Como? No estaba empotrada en la pared!! Quien se robó la caja, cargó con los pasaportes y las visas de mis hombres y mis tesoros mas preciados: Mis anillos de matrimonio, las joyas que mi esposo me había dado pacientemente durante los últimos 20 años de casados y todas las alhajas que mi hijo recibió cuando nació, cumplió su primer año e hizo su primera comunión. Con dolor, también recordé que allí también guardaba todos los dientes que el Ratón Miguelito me delegó a cuidar, y que un día esperaba mostrar a mis nietos y una que otra carta de amor que me dieron mi esposo y mi hijo.
Ese día descubrí que las cosas materiales dolían pero no lo suficiente como sentir la desprotección en tu propia casa. Que vivimos con alguien en quien creímos confiar. Y que nos timó de una forma tan perfecta. Sentir que para la policía, sólo fuimos un numero más. Que de pronto seremos una estadística, o ni siquiera eso. Que llegaron 7 policías e investigadores y que ninguno pudo tomar huellas. Las había, estoy segura. Pero nadie las tomó. - "Doña, en Barranquilla solo hay un tomador de huellas y está en un crimen ahora. Lo siento" se disculpó. Llamé por 15 días al detective, "Nada mi doña". Fue su respuesta. "Es normal", pensé, finalmente mi apellido no es famoso, no hay prisa por encontrar al culpable. No he sido capaz de tocar las cosas que sé que el ladr@n tocó. Estan allí arrumadas en una esquina.
Mis tres amargas lecciones de este mal rato que intento exorcizar:
1.Que se hubieran llevado mis anillos de casada que este año completarían 20 años, y mis regalos de cumpleaños, me dolió profundamente, pero jamás como la sensación de desprotección que vivimos durante esos días. Estuvimos durmiendo con el enemigo por mas de un año. Luego de esto cambiamos cerraduras, pusimos cámaras, pero la sensación aún persiste. Perder la tranquilidad es una cosa que va más allá de lo terrible. Es una vulneración de tu espacio, que tarda nuevamente en re establecerse.
2. De mis alhajas se salvaron 3 cosas que me llevé a mi viaje a Australia. Precisamente las saqué el mismo día que me fui para lucirlas en un país donde puedes andar con cadenas de oro y lucir brillantes o perlas sin miedo a que te roben. Donde puedes hablar por celular en la calle a las 11 pm o sacarlo para tomar una foto o hacer un vídeo sin pensar en un ladrón que te lo arrebate. Donde puedes caminar en la madrugada después de visitar a tus amigos o salir por ahí, sin pensar en un violador que se te acerque, porque ves la policía por todos lados, no parando a preguntar por el SOAT o el pico y placa o el Certificado Tecnomecánico, o pidiendo "alguito para la gaseosa" sino para proteger al ciudadano. El shock de regreso fue brutal.
3. Alguna vez le dije a mi esposo que no me regalara joyas costosas, es una costumbre árabe heredada de su familia. No he sido muy afecta a tener cosas costosas. No es frugalidad, no es tacañería. Es que para mi, es mas valioso viajar que tener posesiones que no puedes lucir, sobre todo en un país como este. Cuando viajas los ojos son cámaras conectadas al cerebro que almacenan cada vivencia como ningún celular o cámara profesional podrá hacerlo jamás. Lo viajado es mi tesoro escondido en mi cabeza. Lo pendiente por viajar es nuestro tesoro por encontrar.
Soy Pamela Cruz escribiendo el 3 de julio 2017, cuando finalmente tuve el valor de expresar mis sentimientos sobre esos ladrones que se llevan lo que con tanto esfuerzo trabajamos y que nos dejaron con la moral en el suelo, esos tratan de robar tus pocas riquezas sin saber que la mayor riqueza la llevas adentro.
De los otros ladrones... esos que viven con los impuestos que deberian servir para mejorar la ciudad y el país, de esos les escribiré otro día.
