Para quienes hemos trabajados en
cubículos de concreto donde la luz del sol acaba tan solo al ingresar en ellos
y al terminar la jornada solo se aprecia la melancolía de una noche estrellada,
trabajar en el Campus de UNINORTE, donde cada hora del día tengo la libertad de
contemplar la naturaleza es, simplemente, un regalo.
Basta recorrer la plazoleta
central en marzo para deleitarme con cada uno de los racimos exuberantes de
flores de Roble Amarillo que brotan por doquier alegrando la primavera
tropical. O en enero cuando salen humildes las flores de Roble morado, despidiendo
con nostalgia la navidad dando la
bienvenida al nuevo año.Una tarde, mientras caminaba por
el pasillo de Mecánica, la naturaleza, me regaló un hermoso espectáculo
vespertino: cientos de flores de lluvia de oro caían bajo el embrujo de una
suave lluvia formando un tapiz de amarillo sobre el prado universitario. Fue mi
pequeña pausa activa, viva, activa, un verdadero descanso ocular.Mi último descubrimiento ha sido
un árbol bellísimo, adusto, de rama tupida que da la bienvenida al nuevo
edificio Multipropósito, recientemente inaugurado. Su sola forma inspira
respeto. Se descubrió que esta especie acompaña la tierra desde hace varios
cientos de años. Es el guardián del edificio y de los límites del campus.
Los hermosos jardines que nos
rodean y que son uno de nuestros tesoros más preciados, han sido creados con
esmero. Me sorprenden las especies estratégicamente colocadas, creando sombras
a cualquier hora del día, sus alturas inusuales y su rectitud, como un hijo
bien formado. Me entero que tampoco ha sido al azar el no tener “árbol
torcido”. Según Carlos Clavijo Director
de Servicios administrativos, se aplica una técnica de poda que logra
incrementar las alturas y mantener el tronco recto, se aplican distancias
mínimas para que una sombra no impida el crecimiento de los demás árboles y se
aprovechan las virtudes de cada uno para beneficio del entorno. Detrás de la
estética que me enorgullece como egresada Uninorte se esconde un propósito de
enfriamiento natural que ayuda a reducir el consumo de energía del Campus. Una
práctica que ojala pudiera ser replicada por cada uno de los que tenemos un
espacio para sembrar en nuestras viviendas.
Soy Pamela Cruz, escribiendo
sobre el tesoro natural del que disfrutan los estudiantes uninorteños en una
ciudad cada día cada día menos verde y con más concreto. Un tesoro que
deberíamos replicar en cada uno de nuestros espacios vitales, más allá de las
fronteras universitarias.