Esta soy yo.


"Lo que inició como un espacio de desahogo, se convirtió en un espacio de testimonio. Lo que Dios ha hecho en mi vida, es mi deber contarlo. No para mí sino para glorificar Su Nombre, sobre todo nombre. Él vive, Él nos ama, Él es real. Él cambió mi vida, para siempre."

viernes, 5 de febrero de 2016

El Poder de compartir

10 meses después de la muerte de mi abuela, vendimos la casa. No podíamos con tantos recuerdos. Nunca le pregunté a mis padres pero yo veía a mi abuela en cada rincón, y me consumía la tristeza. Tampoco Pitufa, una de nuestras perritas. Ella -hija de Lulú, pequinés mezclada y Pillin, el french poddle del vecino- era la perra más lista que he conocido. Elegante como su padre y atrevida como su madre, Pitufa enfrentaba a mi papá cuando dizque la regañaba. Se ganó el respeto de todos por su fino oído para detectar ratones en una casa cuyo patio colindaba con un taller de camiones. Podía estar en la sala, apenas sus orejas se erguían... sabíamos que el ratón, rata, zorro chucho o lo que fuera, corría peligro. Los ladrones jamás entraron a nuestra casa porque Pitufa los ahuyentaba. Era una perra lista. Fiel. Hermosa. Cuando mi abuela agonizaba ella estuvo allí hasta el final. Cuando mi abuela murió, se aplastó en la ventana sin comer por 8 días. Miraba a la calle esperando que volviera, como yo también esperaba.

El día que nos mudamos, Pitufa desapareció. Salio del carro de la mudanza y sin saber cómo, en medio del ir y venir, se nos escapó y jamas apareció. Lloré como si se hubiera muerto; buscamos la noche entera pero ella nunca volvió. Alguien alguna vez dijo que un vecino de aquella cuadra temporal en la que estuvimos lo mientras terminaban nuestra nueva casa, aseguró verla en una casa en la que nunca nos dieron razón. Aun sueño con ella, algunas veces.

Recordé a Pitufa porque ayer una prima me mandó una foto de un perro rescatado de las calles y me pidió que la ayudara a encontrar a sus dueños. Valiente mujer que primero agarra a un perro que puede morderla, luego lo mete en su carro y lo instala en su casa hasta quien sabe cuando. En fin. Puse la foto en facebook y hoy me llamó un amigo porque su amigo vio el mensaje, y le "aseguraba, con certeza absoluta", que era su Michael. Otra cibernauta con un Lucas extraviado tenía la ilusión de encontrar a su perro blanco en el perro color habano rescatado. El dueño apareció, con él mi recuerdo de Pitufa y esa añoranza inconclusa de saber que hubiera pasado si hace 23 años hubiera tenido a la mano un instagram, un facebook o por lo menos un celular para encontrarla. 

Soy Pamela Cruz escribiendo hoy 5 de febrero 2016 a pocas horas de iniciar el carnaval sobre un recuerdo de hace 23 años, despertado por la solidaridad demostrada en la red cuando el acto de compartir tiene el objetivo de ayudar a otros.

PD: Este mensaje fue compartido 50 veces en menos de 24 horas. El poder de la red... es infinito.!!!

Michael recien rescatado

Michael con su dueño