Recién casada, mi segundo o tercer acto luego de llegar de la luna de miel fue imprimir mis tarjetas de presentación con mi nuevo apellido de casada:
Pamela Cruz de Escobar
Coordinadora de Centro de servicio Black&Decker
Intex Sociedad Limitada
Coordinadora de Centro de servicio Black&Decker
Intex Sociedad Limitada
Ya era casada y quería tener el estatus de mi suegra Karime Morad de Escobar y mi madre Leonor de Cruz. Mi esposo estaba orgulloso de ver su apellido al lado de mi nombre. El apellido duró acompañando mi nombre lo que duraron las tarjetas. No me considero feminista recalcitrante, pero muchas mujeres lucharon antes de mi, para eliminar el "De" obligatorio en las cédulas, para que yo me lo volviera a poner. Con el perdón de mi esposo, llegué a la conclusión de que yo era Pamela Cruz Herran, hija de mis papás y casada con mi esposo, pero no le pertenecía a nadie, solo a mi, aunque a veces me perdiera hasta de mi misma. Así que una vez terminadas las tarjetas, volví a ser Pamela Cruz Herran, así no más.
Hace unos dias ví un vídeo, a propósito del día de la madre, donde un presentador le juega una mala pasada a unos niños que, inconformes con sus mamás regañonas y exigentes, quieren una que sea la mamá perfecta. Que los deje comer dulces, que no regañe, que juegue con ellos todo el dia, etc. Cuando el presentador les entrega a su mamá mejorada (y que en realidad es otra mujer), los niños estallan en llanto. En medio de lágrimas le piden al hombre que les devuelva a su mamá. "SOLO QUIERO LA MIA", suplican. Y el presentador se las devuelve. Más allá de la tortura a la que fueron sometidos los niños y reflexionando sobre el tema, llegué a la conclusión que yo, que no dejé ponerme el "De" dizque para no ser de nadie, terminé marcada de por vida, y por voluntad propia que es mejor. Al tener a mi hijo, me entregué como su propiedad privada. Cuando llamo al colegio o a otros papás mi nombre ya no es Pamela Cruz Herrán, ni siquiera de Escobar. Mi introducción completa es Pamela Cruz, la mamá de Emanuel Escobar. Siempre es igual. Si no lo hago, sencillamente mi llamada carece de sentido.
Mi hijo y yo peleamos porque soy estricta, porque soy la más aburrida, porque no lo dejo salir a todo, porque soy la única que aún no lo deja manejar, porque le decomiso el ipad, el celu o el xbox, cuando incumple con algo. Porque lo mando a la Alianza cada sábado cuando quisiera seguir durmiendo o porque se acuesta a la hora que es y no a la que quiere. Peleamos por todo, pero a la que despierta de madrugada porque tiene fiebre, indigestión, o una pesadilla es a mi. La que le busca a toda velocidad la corbata olvidada en plena misa o lo recoge a la carrera para el partido es quien escribe. Mi años de Scout sirvieron para estar siempre lista, para servir de lo que sea: De confidente, de pañuelo, de enfermera, de psicóloga. Me entregué voluntariamente a ser su propiedad privada. Fue el acto de sumisión más grande que una mujer comete. Y del que no existe forma de liberación porque la subyugación fue, es y seguirá siendo voluntaria.
Soy Pamela Cruz escribiendo hoy Dia de Madres 8 de mayo 2016, sobre los actos de sumisión voluntarios cometidos en nombre del amor, entre ellos ser propiedad privada de nuestros hijos.
PD: Feliz Dia a las madres. A todas, incluyendo a la mia, las que en un acto de libertad absoluta decidieron ser madres y luego quedaron sumisas bajo los encantos de sus hijos, para siempre.