Ya he contado que yo fui la hija más dificil de mis padres. Y eso me convertía en la usuaria más frecuente de la correa, la mano y las chancletas de mi casa.
Con todo y eso, yo aprendí a decir "Lo siento" con gran velocidad. Luego del castigo, me quedaba pensando si fue justo o no, y si efectivamente había sido merecedora absoluta de la correa. Cuando yo en mi interior creia que sí, me disculpaba. Mi mamá me decia que me disculpaba mucho. Demasiado para su gusto. Es posible que haya sido verdad. Pero eso me enseñó el poder de decir Lo siento. Dos palabras que pueden arreglar cualquier mal entendido y que sin embargo, en esta sociedad son símbolo de flaqueza. Durante mucho tiempo, inclusive en el colegio, cuando una se peleaba un dia si y otro también, mantuve esa costumbre, sólo si me correspondía darlas. Muchas veces esperé la misma entereza de quien la embarraba conmigo pero pocas veces pasó. Es tan dificil reconocer el error que es mejor terminar una relacion antes de demostrar debilidad. Así pasa a veces. Con todo. Con los amigos. Con los padres. Con los hermanos. Con la familia. Y a veces prefieres morirte sin volver a saber de alguien solo para no tener que musitar aquella frase dificil pero mágica y liberadora.
Creo que por eso es tan dificil para la mayoría imaginar un postconflicto, porque se necesita ser valiente y decir con el corazón en la mano: Fui yo y lo siento de corazón. Y dejar en las manos del agraviado el perdón. Por lo menos en mi caso, sólo llamar y pedir perdón me ha liberado de la culpa. Allá del otro si lo acepta o no. Ese es asunto suyo, entre él/ella y su consciencia.
Soy Pamela Cruz escribiendo hoy 18 de septiembre reflexionando sobre lo dificil que es para algunos dar la cara y terminar un asunto, usando tan solo 2 palabras.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Gracias por tus comentarios!!