Cada vez que la escucho lloro, como llora la adoradora que la canta. Cada vez que la escucho siento remover mis fibras más sensibles. Cada vez que la escucho desmenuzo la letra una y otra vez.
Se trata de la historia de un paralítico que fue llevado a Jesús para que lo sanara, pero cuando llegó estaba tan atestado el lugar que sus amigos lo encaramaron en los techos vecinos y literalmente lo metieron rompiendo el techo de la casa donde predicaba Jesús. Si no entraban por la puerta entrarían con él por cualquier lugar.
Imagino que las ventanas tampoco estaban libres y si había una puerta trasera, estaba igual de atestada.
Imagino que el pobre hombre, sólo quería que alguien lo sanara y no sabía cómo conseguirlo. No podía arrastrarse hasta ese lugar. Sufría. Estaba lisiado de por vida, condenado a una cama, y la misericordia de los demás, viendo la vida pasar, sin participar. Y de pronto llega a sus oídos la historia de un sanador, pero él no sabe qué hacer para verlo. Se siente impotente. Le duele saber que puede sanar a otros porque de alguna forma logran llegar hasta donde és está y él no.
Imagino que de pronto esos que los cargaron eran sus amigos de infancia, o sus vecinos que lo ven angustiado sin saber que hacer para ayudarlo. Los mueve la compasión o la amistad, se ponen de acuerdo, lo cargan y dicen entre ellos "pilas llevémoslo. No podemos dejar que se pase la oportunidad. Ayudémoslo. Es nuestro amigo".
Y cargan con ese peso entre ellos. Pero no basta con llevarlo. El hombre está cerca pero sigue sin ser sanado, imagino que les implora, "no me dejen a medio camino. Ayudenme hasta el final. Yo quiero estar alli. A ver si me puede sanar".
A estos amigos se les ocurre meterse como sea a esa casa. Rompen el techo y en un acto inesperado, el hombre irrumpe triunfalmente en la habitacion, ante la vista incrédula de los demás.
Vaya atrevimiento el de esos amigos, vaya atrevimiento el del paralítico. Allí está, frente a Jesús, que lo ve con compasion infinita y, sorprendido por la fe de sus amigos, lo sana. El milagro se da. Y bendito Jesús que lo hace.
¿Qué hubiera sido de este hombre sin sus amigos? No hubiera recibido esa bendición, si no lo hubieran cargado; si no hubiera sido superior el amor por su amigo a la verguenza, a la pereza, o al que dirán, el paralitico no sería parte de la historia de aquella sanación espectacular.
Benditos los amigos que, cuando te encuentras paralítico del dolor, de la angustia, de la verguenza, de la tristeza, llegan por ti. Te toman en sus hombros y comienzan a caminar contigo a cuestas y te llevan, así sea a rastras, a la presencia del médico que puede sanar ese dolor que te agobia. Y si la puerta no está disponible, o no sabes como entrar, toman tu caso tan a pecho, que son capaces de buscar y conseguir que los demás te ayuden a ingresar.
Yo he tenido y tengo esos amigos en mi vida. Nunca lo vi asi hasta hoy, cuando esta canción me recordó una época en la que estaba paralizada de la angustia y el dolor. No sabía ni siquiera que necesitaba llegar a los pies de Jesús para sanarme, pero un amigo, lo hizo por mí. Se tomó el trabajo de llorar conmigo, de hablar conmigo, de leer conmigo, de orar conmigo, en mis dias oscuridad. Oró y oró hasta que el techo rompió y pude estar allí, enfrente de Él con mi dolor. El resto lo ha hizo Jesús, pero sin ese amigo, yo no hubiera podido, ni siquiera alcanzar hasta ese techo duro de romper.
Benditos los que cargan a un paralitico, para llevarlo al sanador. Bendita la amistad que les permite actuar por amor.
Soy Pamela Cruz escribiendo hoy 26 de noviembre, honrando la vida de esos amigos que son rompedores de techos, de esos que nos ven destruídos, disminuidos, derrotados y se atreven a llevarnos al Sanador, rompiendo el techo por nosotros, cuando no podemos en nuestras limitadas fuerzas. Sobre todo honro la vida de ese amigo... tú sabes quien eres. ¡Gracias por romper el techo para mí!
2 Entró Jesús otra vez en Capernaum después de algunos días; y se oyó que estaba en casa. 2 E inmediatamente se juntaron muchos, de manera que ya no cabían ni aun a la puerta; y les predicaba la palabra. 3 Entonces vinieron a él unos trayendo un paralítico, que era cargado por cuatro. 4 Y como no podían acercarse a él a causa de la multitud, descubrieron el techo de donde estaba, y haciendo una abertura, bajaron el lecho en que yacía el paralítico. 5 Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados...
11 A ti te digo: Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa. 12 Entonces él se levantó en seguida, y tomando su lecho, salió delante de todos, de manera que todos se asombraron, y glorificaron a Dios, diciendo: Nunca hemos visto tal cosa.
Marcos 2:1-5,11-12
Hermoso mensaje. 💚
ResponderEliminarGracias por leerme! La gloria para Dios.
EliminarHermoso
ResponderEliminarGRacias. La gloria para el Señor.
EliminarMaravilloso🙏
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