Esta soy yo.


"Lo que inició como un espacio de desahogo, se convirtió en un espacio de testimonio. Lo que Dios ha hecho en mi vida, es mi deber contarlo. No para mí sino para glorificar Su Nombre, sobre todo nombre. Él vive, Él nos ama, Él es real. Él cambió mi vida, para siempre."

martes, 10 de diciembre de 2024

¡La Despedida!

No hay nada tan dificil como una despedida. Innumerables veces he tenido que despedir a mis familiares o amigos cuando viajo o cuando estoy de viaje.Nos abrazamos como si no existiera un mañana. 

Una vez, me despedí de un amigo querido en una estacion de tren y lloré literalmente cuatro horas seguidas. Estaba tan inconsolable que una anciana se  movió al lado de mi asiento y sin decir palabra, tomó mi mano y la sostuvo durante todo el trayecto, hasta que se bajó en su ciudad. 

No recuerdo su rostro, no recuerdo que me dijo, sólo recuerdo que yo lloraba porque sabía, en el fondo de mi corazón, que nunca lo volvería a ver, como en efecto pasó. Y esa mujer me consoló. 

Mi abuelita lloraba cuando se despedía de su hermana o de su hijo, cada vez que la visitaban. Yo creo que ella tambien sabía desde sus entrañas, que cada despedida era como una preparación para la ultima, donde ya no se verían más. 

Para mí, hubo un antes y un despues del COVID. Saber que mi esposo volvió para decirme que la muerte no existe, que Dios es amor, que no es castigador, y que es real, me cambió la vida para siempre. No puedo explicar con palabras lo que significa saber que esa muerte a la que todos tememos no existe. Y cuanto anhelo que los demas lo vean como yo lo veo hoy. 

En estos cuatro años he tenido el privilegio de acompañar en sus ultimas horas o en sus ultimos días a varias personas. Seres que agonizan, pasando, en vida, experiencias que nosotros tendremos que pasar en nuestro momento, que aún no comprendemos y que nos negamos a aceptar. 

He visto a los familiares orar por un milagro, o por torcer la voluntad del Padre y esperan que "el barco enderezca el camino". Por muy doloroso que sea, no comprenden que ellos ya emprendieron su viaje. Detenerlos es una tortura para su alma. Es un sufrimiento completo. Anhelan irse, pero se resisten a dejar a todos sufriendo a su alrededor. 

Una vez, estuve acompañando a una amiga cuya madre llevaba meses agonizando. Tenía alzaimer, estaba postrada en una cama, con su mirada perdida. La tenían en casa y cuando las maquinas señalaban una línea, su hija lloraba y le rogaba que no la dejara sola. La línea volvía a tomar movimiento, la señora tomaba nuevamente un respiro y seguía con su mirada perdida, en una linea tenia de vida en esta tierra: Su hija. Mientras tanto, su hija aliviada seguia con su vida, visitando a su madre y diciendole que no la dejara. 

Aquella vez, lo volvió a hacer en mi presencia. Llorando me decía, "es que no se como voy a vivir sin ella." 

De repente le dije, "Tu hijo esta al otro lado del mundo. Cuando te despediste de él, le dijiste que no se fuera? Que no sabrias vivir sin él?" Ella me respondio que obviamente no. Ella sabía que eso era lo que queria su hijo. Vivir en ese país era su sueño. Irse era su destino. 

- ¿Entonces? le pregunté.  -¿Por qué amarras a tu madre, si el avión donde está su destino esta a punto de partir y ella quiere tomarlo pero tú no la dejas porque dices que no serás capaz de vivir sin ella? 

Nuestro cuerpo lucha por permanecer en esta tierra pero nuestra alma, sabe que es hora de tomar su vuelo y emprender una maravillosa aventura, un camino, un viaje. Un viaje de regreso a Casa. A la Casa del Padre. A cualquiera de las moradas donde el Padre nos envíe.

Cuando comprendamos que la muerte no existe, que tan solo dejamos este traje de astronauta, un traje de carne, cansado y viejo, y al dejarlo liberamos nuestra alma y emprendemos el viaje que anhelamos y que deseamos con la avidez de un niño, podremos dejar ir a nuestros seres queridos en paz y en amor. Con la tristeza de un adios temporal, sí! Pero tambien con la alegria de saber que ellos están donde quieren estar y al lado del protector del universo. Y entonces, saberlo nos llenará de una enorme paz. 

Soy Pamela Cruz escribiendo hoy 10 de diciembre para todas aquellas personas que lloran las partidas fisicas o espirituales de los seres que aman. Es su viaje. Es su tiempo. Alegrémonos por ellos, por su tiempo, por su aventura a punto de comenzar y pidamosle al Dios Todopoderoso, que ese viaje sea tan maravilloso como el tiempo que disfrutamos a su lado. 

🙌Si consideras que esta lectura puede servirle a alguien incrédulo que necesite reconocer sus pequeños milagros diarios, compártela y coméntala. 🙌

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Porque yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano.He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no solo a mí, sino también a todos los que aman su venida.

2 Timoteo 4:6-8


miércoles, 4 de diciembre de 2024

¡La paja en el ojo ajeno!


Asumí el reto personal de leerme la Biblia de inicio a fin, ojalá en un año. Desde que era pequeña quise leerla pero tengo que reconocer que no pasaba de Genesis 6. Me dormía y no entendía ni la mitad de las palabras que leía.

Abandoné la intención y mi Biblia quedó relegada por allí en un rincón donde siempre estaba abierta en el Salmo 90 “Señor tu nos has sido refugio de generación en generación”. Muchos años después y a raiz del remezón COVID que me cambió la vida para siempre, mi fiel compañera se llama Biblia. La leo en desorden y de acuerdo con lo que deba leer, casi todos los días.

Un día cualquiera llegué a la librería cristiana por un libro y me atrapó una Biblia de arte, con notas a los lados para escribir. Estaba en promoción y como si hubiera sido zapatos, la compré. En casa tenemos 9 biblias repartidas en toda la casa. Pero esta era especial. Era hermosa y tenía espacios para escribir, así que la compré.

Y para darle un uso particular, decidí que sería la biblia de mi reto de los 365 dias leyéndola y en orden.😀

¡Que maravilla conocer la historia en ese orden asi sepa que hay cosas que pudieron suceder antes o después, cuando ya uno sabe como encajan el Nuevo testamento con el Antiguo, de forma tan perfecta!.

En esta ocasión, sé que la estoy leyendo como una niña leyendo una novela. Literalmente. Soy consciente que me falta mucho para llegar a las aguas profundas del entendimiento divino, pero estoy disfrutando poco a poco cada palabra leía e imaginandome las escenas que se llevaron a cabo en cada lugar.

Pues bien, estoy en la parte donde los israelitas salieron de Egipto, de la mano y en la compañía nada más y nada menos que del Altisimo. ¡He resaltado las tantas veces que dudaron de la grandeza de Dios!. Cuando los perseguían, cuando cruzaron el mar rojo, cuando tuvieron hambre, cuando tuvieron sed, y Dios seguía proveyendolos… y ellos quejándose… 

Anoté en mi Biblia, "¿por que se quejan? Por que no creen? ¡Que vergüenza!" Me siento avergonzada por su comportamiento hace mas de 6.000 años con el Señor.

Pues bien, estos días, yo he pasado por ciertas circunstancias que desaniman. Pegada como estoy del Señor, me han tocado la fibra y, aunque intento no pensar en ello, a veces es inevitable la angustia.

Hace una semana ví un reflejo de Su Presencia en mi día a día, y le dije "Gracias Señor. Que belleza. Gracias por no abandonarme".

Y de repente, un pensamiento pasó raudo y burlón por mi cabeza “Por qué  juzgas a  los israelitas, si eres igual?”

Que fácil es para nosotros ver la paja en el ojo ajeno cuando tenemos toda una estructura civil en el nuestro. Desde el inicio hemos sido de poca fe… y seguimos siendo tentados con la duda, cuando algo no nos sale bien a nuestros ojos.

Hoy comencé a comprender ese pasaje del desierto como la muestra maravillosa de nuestra debilidad en las adversidades, y de la necesidad imperiosa de no apartar ni un segundo los ojos del Señor, ni soltarnos de Su mano y, aunque nos sintamos abandonados, tengamos la certeza de que Él lo tiene todo bajo su perfecto control.

Soy Pamela Cruz escribiendo hoy 04/12/2024, recordando en pasajes biblicos nuestra frágil naturaleza humana de criticar a los demás sin darnos cuenta que somos iguales, o más faltos de fe que nuestros antepasados bíblicos. 

Si consideras que esta lectura puede servirle a alguien incrédulo que necesite reconocer sus pequeños milagros diarios, compártela y coméntala. 🙌


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«¡Si tan solo el Señor nos hubiera matado en Egipto!—protestaban—. Allá nos sentábamos junto a las ollas llenas de carne y comíamos todo el pan que se nos antojaba; pero ahora tú nos has traído a este desierto para matarnos de hambre».
Entonces el Señor le dijo a Moisés: «Mira, haré llover alimento del cielo para ustedes. Cada día la gente podrá salir a recoger todo el alimento necesario para ese día. Con esto los pondré a prueba para ver si siguen o no mis instrucciones. El sexto día juntarán el alimento y cuando preparen la comida habrá el doble de lo normal».
Exodo 16:3-4
22 E hizo Moisés que partiese Israel del Mar Rojo, y salieron al desierto de Shur; y anduvieron tres días por el desierto sin hallar agua. 23 Y llegaron a Mara, y no pudieron beber las aguas de Mara, porque eran amargas; por eso le pusieron el nombre de Mara.[a] 24 Entonces el pueblo murmuró contra Moisés, y dijo: ¿Qué hemos de beber? 25 Y Moisés clamó a Jehová, y Jehová le mostró un árbol; y lo echó en las aguas, y las aguas se endulzaron. 
                                                            Éxodo 15:22-25
17 Conforme al mandamiento del Señor, toda la congregación de los hijos de Israel partió del desierto de Sin en jornadas cortas hasta acampar en Refidín. Pero allí el pueblo no tenía agua para beber, así que todo el pueblo discutió con Moisés y le dijo:
«Danos agua. Queremos beber.»
Moisés les dijo:
«¿Por qué se pelean conmigo? ¿Por qué ponen a prueba al Señor?»
Pero el pueblo tenía sed, y murmuró contra Moisés, y dijo:
«¿Para qué nos hiciste salir de Egipto? ¿Para matarnos de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestros ganados?» Entonces Moisés pidió ayuda al Señor y le dijo: «¿Qué voy a hacer con este pueblo? ¡Un poco más, y me matarán a pedradas!»
Exodo 17:1-4

martes, 26 de noviembre de 2024

¡Rompan el techo!


Hace dos días llegó a mis manos una canción que no he dejado de entonar. 

Cada vez que la escucho lloro, como llora la adoradora que la canta. Cada vez que la escucho siento remover mis fibras más sensibles. Cada vez que la escucho desmenuzo la letra una y otra vez. 

Se trata de la historia de un paralítico que fue llevado a Jesús para que lo sanara, pero cuando llegó estaba tan atestado el lugar que sus amigos lo encaramaron en los techos vecinos y literalmente lo metieron rompiendo el techo de la casa donde predicaba Jesús. Si no entraban por la puerta entrarían con él por cualquier lugar. 

Imagino que las ventanas tampoco estaban libres y si había una puerta trasera, estaba igual de atestada. 

Imagino que el pobre hombre, sólo quería que alguien lo sanara y no sabía cómo conseguirlo. No podía arrastrarse hasta ese lugar. Sufría. Estaba lisiado de por vida, condenado a una cama, y la misericordia de los demás, viendo la vida pasar, sin participar. Y de pronto llega a sus oídos la historia de un sanador, pero él no sabe qué hacer para verlo. Se siente impotente. Le duele saber que puede sanar a otros porque de alguna forma logran llegar hasta donde és está y él no. 

Imagino que de pronto esos que los cargaron eran sus amigos de infancia, o sus vecinos que lo ven angustiado sin saber que hacer para ayudarlo. Los mueve la compasión o la amistad, se ponen de acuerdo, lo cargan y dicen entre ellos "pilas llevémoslo. No podemos dejar que se pase la oportunidad. Ayudémoslo. Es nuestro amigo". 

Y cargan con ese peso entre ellos. Pero no basta con llevarlo. El hombre está cerca pero sigue sin ser sanado, imagino que les implora, "no me dejen a medio camino. Ayudenme hasta el final. Yo quiero estar alli. A ver si me puede sanar". 

A estos amigos se les ocurre meterse como sea a esa casa. Rompen el techo y en un acto inesperado, el hombre irrumpe triunfalmente en la habitacion, ante la vista incrédula de los demás. 

Vaya atrevimiento el de esos amigos, vaya atrevimiento el del paralítico. Allí está, frente a Jesús, que lo ve con compasion infinita y, sorprendido por la fe de sus amigos, lo sana. El milagro se da. Y bendito Jesús que lo hace. 

¿Qué hubiera sido de este hombre sin sus amigos? No hubiera recibido esa bendición, si no lo hubieran cargado; si no hubiera sido superior el amor por su amigo a la verguenza, a la pereza, o al que dirán, el paralitico no sería parte de la historia de aquella sanación espectacular. 

Benditos los amigos que, cuando te encuentras paralítico del dolor, de la angustia, de la verguenza, de la tristeza, llegan por ti. Te toman en sus hombros y comienzan a caminar contigo a cuestas y te llevan, así sea a rastras, a la presencia del médico que puede sanar ese dolor que te agobia. Y si la puerta no está disponible, o no sabes como entrar, toman tu caso tan a pecho, que son capaces de buscar y conseguir que los demás te ayuden a ingresar. 

Yo he tenido y tengo esos amigos en mi vida. Nunca lo vi asi hasta hoy, cuando esta canción me recordó una época en la que estaba paralizada de la angustia y el dolor. No sabía ni siquiera que necesitaba llegar a los pies de Jesús para sanarme, pero un amigo, lo hizo por mí. Se tomó el trabajo de llorar conmigo, de hablar conmigo, de leer conmigo, de orar conmigo, en mis dias oscuridad. Oró y oró hasta que el techo rompió y pude estar allí, enfrente de Él con mi dolor. El resto lo ha hizo Jesús, pero sin ese amigo, yo no hubiera podido, ni siquiera alcanzar hasta ese techo duro de romper. 

Benditos los que cargan a un paralitico, para llevarlo al sanador. Bendita la amistad que les permite actuar por amor. 

Soy Pamela Cruz escribiendo hoy 26 de noviembre, honrando la vida de esos amigos que son rompedores de techos, de esos que nos ven destruídos, disminuidos, derrotados y se atreven a llevarnos al Sanador, rompiendo el techo por nosotros, cuando no podemos en nuestras limitadas fuerzas. Sobre todo honro la vida de ese amigo... tú sabes quien eres. ¡Gracias por romper el techo para mí!


Entró Jesús otra vez en Capernaum después de algunos días; y se oyó que estaba en casa. E inmediatamente se juntaron muchos, de manera que ya no cabían ni aun a la puerta; y les predicaba la palabra. Entonces vinieron a él unos trayendo un paralítico, que era cargado por cuatro. Y como no podían acercarse a él a causa de la multitud, descubrieron el techo de donde estaba, y haciendo una abertura, bajaron el lecho en que yacía el paralítico. Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados... 

 11 A ti te digo: Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa. 12 Entonces él se levantó en seguida, y tomando su lecho, salió delante de todos, de manera que todos se asombraron, y glorificaron a Dios, diciendo: Nunca hemos visto tal cosa.

Marcos 2:1-5,11-12 

domingo, 24 de noviembre de 2024

El Club


Mi esposo tiene un grupo de amigos con los que se reúne religiosamente cada semana. 
Se turnan casa, el anfitrión brinda la cena y durante unas horas se ponen al día en sus actividades, discuten de política, de comida, de futbol y todo alrededor del dominó.

A mí ese juego nunca me ha gustado porque nunca lo he entendido. Requiere de una lógica de la que creo que carezco y de una destreza para detectar las fichas de los demás, y poder, entre tu compañero y tú, derrotar a los oponentes.

Cuando es en mi casa, yo me encierro en mi cuarto de estudio, y los escucho gritar, reírse y golpear las fichas alegremente.

Durante el año, pocas veces han suspendido las jornadas, por causas de fuerza mayor. Mejor dicho, llueva, truene o relampaguee, allí está ese grupo de escandalosos deportistas de mesa en su cita semanal. Me alegra el corazón, y confieso que me daba mucha envidia ver como ese grupo de ocho hombres maduros, disciplinadamente se reúne sin excusas para compartir algo en común.

Hace unos años cayó en mis manos un libro que me cambió para siempre. Ese libro que me confrontó con toda mi esencia como mujer, esposa, madre, amiga, hija del Padre. Me contaba una realidad que hasta entonces no había visto ni contemplado de mí misma, ni de la mujer actual.

En su momento estaba tan ansiosa de contárselo al mundo que hice un par de LIVE con el primer y segundo capítulo para que la gente se animara a leerlo conmigo, en Vivo. ¡Que ilusa!  También lo regalé a un par de amigas que se parecen mucho a mi y que yo sentía que “debían leerlo” para que les descorrieran los velos que a mí me había descorrido esa lectura. Todo fue en vano.

Finalmente, mi librito quedo guardado en la biblioteca en espera de una oportunidad mejor para compartirlo. Y esa oportunidad llegó hace un mes.

En un impulso motivado por las porquerías que estoy viendo en materia de música compuesta por mujeres, cantada por mujeres y dirigida para mujeres, donde nos gritan “empodérate, sé libre, perrea, eres mejor que el hombre, usa tu cuerpo mal pa’ pasarlo bien, factura más y llora menos”, llamé a unas amigas y les propuse leer juntas ese librito, porque todas tenemos hijos e hijas  y porque sentía la necesidad de prepararnos y prepararlos para hacer frente a este desastre de “guerra de sexos” que ahora se hace mas descarado que nunca.

Comencé orando y pidiendo a Dios que ninguna tuviera obstáculos para llegar a casa. Que tuviéramos el libro, que tuviéramos el corazón dispuesto. Que viniéramos con alegría. Que no miráramos el reloj. ¡Tantas cosas pedía en oración!

Mi anterior club, claudicó por la presión del tiempo sobre nuestras agitadas vidas y por la presión de la verdad que, a algunas nos costaba asimilar. La verdad duele, “pero nos hace libres” dice el Señor. Y para algunas, es mejor no sentir dolor que vivir en libertad.

Pues bien, mi oración ha sido contestada y tras cuatro sábados continuos de reuniones, hoy me levanté con un profundo agradecimiento al Señor porque recordé las imágenes que me han acompañado en estos sábados:

“Cinco mujeres que apartaron de su ajetreada agenda de mamás, un espacio que comenzó de dos horas y terminó siendo media jornada del día, llegando puntuales a la casa de la anfitriona como jamás pensé verlas: radiantes, alegres, con un bolso donde hay muchas cosas de nosotras las mujeres, y además un libro, resaltadores, una biblia en algunas y en otras, una Biblia digital”.

Ayer fui consciente de que teníamos un club. ¡Que risa! Así se llama el grupo: Club de Lectura. Pero ayer supe que teníamos un Club de verdad, verdad. Como el que soñaba de niña cuando hacía carpas con sábanas, para invitar a amigas que nunca fueron para compartir secretos en común.

Este precioso club, comparte secretos. Secretos del cielo que nos son revelados a medida que nos adentramos en la Palabra. Compartimos alimento espiritual y físico. Leemos, en un orden aleatorio y tan perfecto, que cada una termina leyendo algo que responde a su situación particular de ese día.

En nuestro club, el tiempo no pasa, las risas se escuchan, las lágrimas se enjuagan, los abrazos consuelan. Este club ha sido una oración de mi alma y contestada en el cielo, por esa intimidad que pensé que no volvería sentir con cinco amigas escudriñando juntas, la Palabra mientras entre nosotras se siguen forjando lazos y lazos que nos hacen más fuerte con el pasar de los días.

Soy Pamela Cruz escribiendo hoy 24 de noviembre del 2024 con mi corazón agradecido, porque el Señor ha permitido un espacio para aprender más del diseño divino que Dios quiso con nosotras y el privilegio de hacerlo con ellas, mis amigas. 

domingo, 17 de noviembre de 2024

¡Conmigo danza!



Estudié en un colegio presbiteriano y durante todos los años que estuve allí siempre pertenecí y procuré permanecer en los coros que se armaban para los diferentes eventos organizados: celebracion de aniversario, día de la madre, Semana Santa, fin de curso, fiestas patrias. En fin! Siempre estaba presta a participar no solo en canto sino en cualquier actividad artística y musical, pese a que, con el tiempo, he descubierto que me da verguenza la cámara. Antes uno actuaba y no quedaba evidencia de las metidas de pata. 😂

Siempre me ha gustado cantar. No tengo la mejor voz del mundo, de hecho cuando era pequeña sufría por una ronquera que nunca se iba y que me obligaba a forzar la voz mientras cantaba. 

He descubierto el placer infinito que me da cantar alabanzas. Desde hace muchos años las cantaba pero eran letras que muchas veces repetía sin comprender su significado real.

Hace cuatro años, cambié mis preferencias musicales porque cantar y escuchar alabanzas me llena de una profunda alegría. A veces se salen mis gallos, a veces desentono, miro para ambos lados y sigo entendiendo que a mi Audiencia Principal, poco le importa mi gallo suelto sino la alegría y el gozo con el que entono una canción. 

He estado leyendo un libro muy, pero muy hermoso, sobre como aumentar la intimidad con Dios. Causamente, una amiga me pidió ayuda en ese tema... y yo me comencé a preguntar lo mismo. A veces un ciego le pide a otro ciego que lo ayude a ver... y en esos casos, el Señor en su misericordia obra, encendiendo una luz para las dos, y lograr juntas recorrer el camino. 

Pues bien, en la búsqueda de ayudar a mi amiga, me ayudó ella a mí. Con este librito, práctico he comenzado a conocer más a quien quiero agradar y entre las cosas que he descubierto que le gustan, se encuentra la alabanza. Lo que yo hacía por mero instinto, ya tiene sustento en los cientos de pasajes que inundan la Biblia en distintos momentos y epocas recorridas en la lectura y donde se exalta la alabanza como forma de agradar, adorar y agradecer al Señor.

Recordé entonces, algo que me pasó hace un par de meses, cuando estaba en recuperación, por una operacion de columna muy dolorosa. 

Una tarde me recosté en el sofá de mi sala a escuchar alabanzas. Intentaba pensar en otra cosa que no fuera el malestar que sentía. Me quedé dormida y me despertó una canción hermosa, que nunca había escuchado antes. La voz era tan pero tan dulce, que la escuché, una y otra vez hasta que llegó la noche. 

Esa misma noche intentaba dormir pero la molestia era demasiado intensa. Me levantaba, me volvía a acomodar, me acostaba, me volteaba sin poder conciliar el sueño. De repente, en algún punto logré dormir y descansar. Durante el resto de la noche, me sucedió algo que jamás en mi vida había experimentado: Dormida, yo cantaba esa cancion, y dormida, sorprendida me decía a mi misma "¡Cómo puedo estar cantando esta canción si estoy dormida!"

Al dia siguiente, me levanté sin dolor y descansada y le dije a mi esposo "Oye estuve cantando esta canción TODA la noche, pero yo misma me sorprendia de cantarla mientras dormia. El me respondió: "Tu alma cantó la cancion. Tu alma te arrulló". 

Recordé ese episodio hoy, cuando leía lo que le gustaba al Señor y lloré intensamente, no de dolor, no de tristeza, lloré al comprender lo que esperaba de los que creemos en Él: 

Alabarle, si estamos alegres, 

Alabarle, si estamos tristes, 

Alabarle, si estamos enojados, 

Alabarle si estamos perdidos, 

Alabarle si estamos sediendos, 

Alabarle si estamos saciados. 

Alabadle en todo momento, en todo lugar, en toda circunstancia. 

Y si no puedes, tu alma, seguro entonará la canción por ti, y alabará en tu nombre. 

Soy Pamela Cruz escribiendo hoy 17 de noviembre del 2024, compartiendo un episodio de mi vida que atesoraba para mi, pero que entendí que debo compartir con aquellos timidos que creen que tienen mala voz o no son dignos de alabar. ¡ALABA!

Por las noches busqué en mi lecho al que ama mi alma; Lo busqué, y no lo hallé. Y dije: Me levantaré ahora, y rodearé por la ciudad; Por las calles y por las plazas Buscaré al que ama mi alma; Lo busqué, y no lo hallé. Me hallaron los guardas que rondan la ciudad, Y les dije: ¿Habéis visto al que ama mi alma? Apenas hube pasado de ellos un poco, Hallé luego al que ama mi alma; Lo así, y no lo dejé, Hasta que lo metí en casa de mi madre, Y en la cámara de la que me dio a luz. Yo os conjuro, oh doncellas de Jerusalén, Por los corzos y por las ciervas del campo, Que no despertéis ni hagáis velar al amor, Hasta que quiera.

Cantares 3:1-5 RVR1960


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lunes, 22 de abril de 2024

¡Dolor insoportable!

Hace un mes, el 23 de marzo, por un acto imprudente, me lesioné la espalda. El dolor se sintió como un puñal helado recorriendo mi espalda sin consideración. Quedé inmóvil, creyendo que me había dado un espasmo. 

Como el dolor no cesó con el pasar del tiempo, estuve largos días visitando fisioterapeutas, quiroprácticos, ortopedistas y médicos alternativos tratando de amainar ese dolor insoportable que, de repente, invadió mi vida, mis pensamientos, mi descanso y literalmente, me dejó incapacitada un mes. Durante 23 noches, el dolor de puñal recorrió mi pierna izquierda de arriba a abajo, rítmicamente y sin descanso. Era un danzar pernicioso, sádico, constante. Me hacía llorar. Me impedía dormir. Una noche llorando le dije a mi esposo, me quiero desmayar. Sólo quiero desmayarme

Finalmente, después de estudios especializados, lo que para mí era un espasmo que no cesaba, tuvo nombre: Hernia Discal Estrusada. En cristiano significa que una parte del disco intervertebral se salió de su espacio y pisaba mi nervio ciático provocando ese dolor tan intenso.

 Cuando el neurocirujano me vio me programó de urgencia. Quedé sin habla unos minutos. ¡Espere, espere! Revisemos las opciones, le dije. “No hay opciones” fue su respuesta. “Te puedo hacer bloqueos para el dolor, pero la sensibilidad de la pierna se irá perdiendo conforme pasen los días. Esto es urgente”.  Finalmente terminé operada el lunes 15, cuatro largos días después de la consulta.

El domingo previo a la intervención, asistí a la iglesia, encorvada, andando lentamente, como los ancianos, buscando apoyo en el brazo de mi esposo. Me senté y comencé a escuchar las alabanzas previas al servicio. Buscaba Palabra. Consuelo. Paz. Descanso. Todo. De repente, mientras cantaba una de ellas, lo entendí todo. 

¡Ay de mí! ¡Quejándome de una pierna! Llorándola, sufriendo por ella. Paralizando mi vida por una pierna. Delante de mi estaban ellos relatando en una alabanza lo que es sufrir de verdad. Él lo dio todo. Lo dejó todo en el campo de batalla. Lo dejó todo en ese madero infame. Latigado hasta dejar surcos imborrables por donde corría su sangre, desgarrada su piel, sus músculos, clavado en sus extremidades, punzada su cabeza con cientos de espinas, tocando cada terminal nerviosa de la piel. El sí sufrió. No yo. El sí fue torturado hasta que exhaló su último aliento en la cruz. Yo no. Yo sólo tenía una pierna. En que drama se había convertido mi vida por una pierna, mientras él lo había dejado todo en la arena. En silencio y por mí.

Y lloré.

Ya mi dolor no me pareció insoportable. De repente me volví valiente. Todo, y cuando digo todo, fue más tolerable. Esa noche, mientras masajeaba la pierna, en mi soledad, pensaba en que cualquier dolor jamás sería comparable con el que estuvo en ese madero, pagando por mí. De repente ya no me masajeaba con rabia y frustración. Lo hacía con compasión y con amor. Y fue tolerable la noche. 

Soy Pamela Cruz escribiendo hoy 22 de abril/2024, para todas aquellas personas que viven procesos de dolor intenso que nunca cesan. Nadie puede hablar de tu dolor, pero si tan solo piensas en que alguien que no merecía morir por ti, acepto dignamente sufrir en toda su humanidad un dolor insufrible, entonces, es posible que tu dolor ya sea un poco más tolerable, y lo vivas con el amor con el que él vivió el suyo por nosotros. 



Santo es el que vive, santo es el que reina

Santo en las alturas, santo aquí en la tierraSanto en el pesebre, santo en el sepulcroSanta es su sangre derramada en la Cruz
Santo es el que vive, santo es el que reinaSanto en las alturas, santo aquí en la tierraSanto en el pesebre, santo en el sepulcroSanta es su sangre derramada en la Cruz
Corrió su sangre por un maderoA él no lo mataron, se entregó primeroDe tal manera amó JesúsQue entregó su vida en la Cruz
No dijo nada, no abrió su bocaLe hieren, le golpean, pero Él perdonaDe tal manera amó JesúsQue entregó su vida en la Cruz
Santo es el que vive, santo es el que reinaSanto en las alturas, santo aquí en la tierraSanto en el pesebre, santo en el sepulcroSanta es su sangre derramada en la Cruz



domingo, 25 de febrero de 2024

¡Focus!

 Hace una semana pasaba uno de los weekend más retadores de mi vida.

En el tour que realizaba en Nueva Zelanda cada escuela se ingenió distintas formas de conocer su zona y enamorarnos de ella. En la zona de Rotorua tuvimos un wild weekend. Con actividades desde bien temprano en la mañana, 8am hasta bien entrada la tarde que aqui es, sin mentirles, las 6pm. Literal. 

El sábado nos levantamos temprano, desayunamos y nos fuimos a un parque con atracciones salvajes, Velocity Valley conformado por Un Bungy jumping, un cilindro con una turbina para volar por los aires, una pista de  bicicleta aérea , una super lancha rápida y un columpio super alto. 

Aunque soy acrofobica, claustrofobica y aguafobica, me resistía a ser observadora y, entre romperme la columna, quedarme sin rodilla, o gritar por estar encerrada en un tubo, me pareció menos grave la lancha. Aunque después, cuando estaba metida dando vueltas y derrapando a 240 km/hora, me arrepentí de mi osadía. Bajé emocionada pero temblorosa y nos fuimos a otro lugar para conocer sus atracciones. 

Llegamos a @zorb un lugar ubicado en la base de una colina y cuya atracción consiste en rodar por la pendiente de una colina metido en una bola plastica transparente con una persona adentro. Desde la cima se lanzan unas enormes, gigantes esferas transparentes que contienen personas adentro. De hecho ellos orgullosos tienen un letrero que dice "Los que lo inventamos" Los videos e imágenes mostraban a la gente feliz mientras aparentemente se sumergian o tragaban agua y se revolcaban bajando de la colina que, dicho sea de paso, tenía 3 caminos de bajada: suave y en linea recta, en zig zag y una súper fast. Resignada a no combinar dos fobias (agua y lugares cerrados) en una actividad, me dediqué a ver, como dice mi papá, a los niños comer helado. Mis compañeros de travesía no montaron una vez, montaron dos. Y cuando los vi, la segunda vez felices y, sobre todo vivos, me animé. Meterme fue un suplicio porque aunque tiene un poco de agua la sensacion de encerramiento y fue fuerte. Pero una vez mi amiga y yo comenzamos a rodar por la colina, no dejé de reírme hasta el final, incluso cuando salí, cual bebé recién nacido, de un hueco con agua. Prueba superada. 

Luego, nuestra anfitriona nos llevó a lugar llamado Mountain Bike Rotorua (@mountainbikerotorua) desde donde alquilan bicicletas para paseos por tramos bosque adentro con distinto nivel de complejidad. Tienen unas 3 vías, creo. Una para niños, una suave para adultos y una super PRO para los expertos. Nuevamente, era sentarme y ver o intentar no matarme en la vía y tener algo que contar. Decidí montarme en la bicicleta, que dicho sea de paso era bien pequeña para mí . Y de eso me di cuenta cuando ya estaba bosque adentro. Mis rodillas, pequeño detalle, hacían un esfuerzo gigante, recordando desde los 14 años cuanto monté por última vez. Mis compañeros seguían , y aunque varias veces pensé en volver, dos cosas lo impidieron: el amor propio y un letrero que decía One way. (Una via) Osea, no había forma de volver. Tenía que terminar. Paré varias veces, estuve a punto de caer, no recordaba siquiera que el freno trasero evita que te vayas de boca en las bajadas y casi me voy de jeta contra el planeta. Pero me salvé. Cuando estaba por tirar la toalla y terminar caminando con la cicla al lado, derrotada por mi pésimo estado fisico, y envidiando el estado de mi amiga Claudia, que seguro la hubiera pasado mejor y realizado el camino en la mitad del tiempo, una palabra borró el resto de lo que pasaba por mi cabeza: Focus. 

De pronto, ya no pensaba en caer, ni en Claudia ni en el Gym, ni en la rodilla. Sólo veía el camino, bajaba rápido concentrada en la tierra, las piedras, las hojas y la llanta de mi anfitriona que iba adelante, marcando el camino. Me repetía todo el tiempo FOCUS, FOCUS, FOCUS. Y de repente, cuando menos lo esperaba, había llegado al final del camino. Cansada, temblorosa, absolutamente empapada de sudor pero feliz. Lo había logrado. A pesar de mi misma. Pero por mi misma. 

A veces la vida nos presenta retos, y nuestras fobias miedos o inseguridades, son tan fuertes que decidimos ver a otros hacer, por nuestra seguridad personal, o la falsa sensacion de seguridad. Estamos en la zona de confort. Y salir puede ser peligroso. Pero no salir nos impide disfrutar de miedos desbloqueados, fantásticas anécdotas, recuerdos imborrable, metas logradas. Lo único que nos separa entre no empezar o abandonar y terminar, es  el FOCUS. Tu vista en el camino, no en la distracción. Y cuando menos lo esperes, lo lograste. 

Soy Pamela Cruz escribiendo hoy 25 de febrero 2024  desde un avión, el vuelo UA916 que me llevará a San Francisco y si Dios permite de regreso a casa... Mientras sigo desbloqueando una de mis fobias a 33.001 pies de altura. 

PD:Por cierto, después de allí crucé 25 puentes colgantes en el Redwood Treewalk Forrest a unos 20 metos de altura con capacidad de 8 personas, que se movían de lado a lado. Al dia siguiente, hicimos kart bajando desde una montaña @skyline y volviendo en una silla colgante... 4 veces. Lo que digo, desbloqueando miedos.









domingo, 11 de febrero de 2024

Fluye!

Estoy en New Zealand, aunque no lo crean, de trabajo. Como parte de las actividades programadas tuvimos una experiencia viendo como hacen vela los chicos de la escuela

Quien me conoce sabe que le tengo, no miedo sino, pavor al agua. Y después de casi 45 minutos tratando de convencerme de montarme con uno de los estudiantes en uno de los botes, accedí si era el coach quien dirigía. Aunque los chicos se manejaban como autenticos profesionales para mí este ejercicio fue extremadamente retador. Sin embargo, si estoy en New Zealand, el pais de los deportes extremos, como no voy a probar, hacer vela?

Después de hacerle prometer a la responsable de nosotros que sólo serían 5 minutos y que no separara su bote del mio, me subí al velero. Mil cosas pasaron por mi cabeza, desde perder mis argollas de matrimonio hasta quedar como Jack en estas frias aguas del Pacífico/Antártico. El coach, un kiwi (así le llaman a los nacidos en New Zealand) comenzó a hablarme y a darme órdenes. El cordón negro "pull a little bit". El amarillo, sueltalo. "Relajate!" me decía mientras yo tenía todo mi cuerpo en estado de alerta. De repente dijo, "¡tranquila!, El bote es como la vida, se mueve al vaivén de lo que pasa, y sólo debes fluir con él."

Fueron palabras mágicas. Sólo entonces pudo más esa frase que toda la inmensidad de miedo que traía conmigo.

La vida hay que llevarla como ese bote. Ajustar las velas o soltarlas, si cambia de dirección. Reacomodarte, fluir. Esperar si no hay viento, disfrutar la espera y estar atentos al momento en que ha de llegar. Si en el agua se ve venir el viento, ajustar y fluir. Y así se sigue disfrutando de todo. Hasta de la caída que no tuve pero si una de las niñas de la escuela. Como si fuera una veterana, se prendió del bote y comenzó a moverlo hasta enderezarlo completamente. Acto seguido, dio un respiro, se hundió en el agua y con fuerza salió y se montó de nuevo para seguir flotando... Con una sonrisa en el rostro. 

Soy Pamela Cruz escribiendo hoy 12 de febrero 2024, sobre la gran lección que aprendí hoy mientras ajustaba las velas y me relajaba viendo el maravilloso paisaje que Dios me regaló hoy, para aprender a fluir.

domingo, 28 de enero de 2024

Si falta alquien, nunca será suficiente!


Hace una semana vino mi hermana de Estados Unidos con su familia y, sólo por un día, teníamos la oportunidad de tomarnos una foto con todos los 14 que somos en nuestra pequeña familia. Lastimosamente por una virosis, nos perdimos de la preciosa oportunidad de estar nuevamente juntos en una foto, los catorce. 

Nos tomamos una foto, si, pero solo eramos 13. Y así salió. Quien no nos conoce no se da cuenta del ausente. Pero nosotros sí. De pronto no sea importante para otros pero si lo era para mí. Estar completos por un instante, era algo que anhela cualquiera cuando su familia no vive en la misma ciudad, y sus encuentros son escasos. 

Estuve varios días atormentada con la foto. Por qué soy tan obsesiva con el tema, si el resto de mi familia, no lo sintió como yo? 

Recordé a un amigo que organiza todos los años una reunión para los compañeros de la universidad. Siempre se queja porque no van todos. Yo siempre lo consuelo diciendole que vea el vaso medio lleno y no medio vacío. Pero él no me hace caso. Siempre se queja por el que no está. Tambien recordé cuando yo misma he organizado fiestas de mi promoción y me pongo diligentemente a buscar debajo de piedras y montañas a la mayor cantidad de personas posibles para que vayan a la fiesta. Siempre añoro a los que no van... sin conformarme por los que la estarán disfrutando. 

Así debe sentirse Jesús. Nunca está conforme con sus 99 ovejas, si la número 100 está perdida. Como en la parábola, jamás descansa quien nos busca. Con tantos que le siguen, podría sentirse feliz, pero no. Siempre está inconforme porque quiere a las ovejas de su rebaño con El. Es paciente en su búsqueda. A veces le toma tiempo, años, décadas, inclusive toda una vida, pero El pacientemente sigue buscando y esperando a la oveja perdida, para que su rebaño este completo. La fiesta nunca será igual si alguien falta. Y aplica para todo en la vida. 

Soy Pamela Cruz escribiendo hoy 28 de enero del 2024, sobre los que faltan. Los que se pierden, los que no están, los que nos hacen sentir añoranza. Ellos siempre seran motivo de tristeza. Pero tambien escribo sobre los que siempre quieren tener a todos completos, los que no se rinden, como el Señor Jesús, que no duda en buscar a su oveja perdida sobre cualquiera de las que posee: porque la sensación de pérdida por muy pequeña que sea... es infinita!