Esta soy yo.


"Lo que inició como un espacio de desahogo, se convirtió en un espacio de testimonio. Lo que Dios ha hecho en mi vida, es mi deber contarlo. No para mí sino para glorificar Su Nombre, sobre todo nombre. Él vive, Él nos ama, Él es real. Él cambió mi vida, para siempre."

domingo, 1 de noviembre de 2015

1 Noche de Halloween y 364 dias de demonios sueltos

Pedí dulces hasta los 17, creo. Recuerdo el combo aquel que se conformaba de la unión temporal de varios pelaos provenientes de 10 cuadras a la redonda unidos en el transcurrir de la noche fortaleciendo su canto al punto que era imperioso darnos algo de comer, so pena de ser expuestos con gritos ensordecedores entre los vecinos por tacaños declarados. Esta práctica anual no me convirtió a ninguna secta, ni llegamos a adorar al diablo, ni algo similar. Simplemente salíamos a buscar un calórico botín, llegabamos a casa con la adrenalina a mil, inspeccionabamos y guardabamos dulces durante el siguiente mes, comiendolos poco a poco como los piratas cuyo tesoro acarician y vigilan a diario. Hacíamos inventario permanente y cada hermana guardaba su bolsa o calabaza marcada y con señales para detectar intromisión de manos ajenas.

Tuve un bache generacional. En la U nunca lo celebré. Era fiesta para niños y yo estaba grande. Cuando la maternidad me llevó de nuevo a recordar mi niñez, me encontré con una generacion de niños sometidos a la presión de ángeles y demonios. Las iglesias emprendieron la cruzada del siglo 21 contra una tradición que, por cuenta de toda la divulgación de sus paganos orígenes me vine a enterar, tambien fue promovida por la iglesia en un lejano tiempo. Los abuelos de mi hijo lo llevaban a la iglesia para evitar la contaminación con el mundo de los brujos y demonios que salían cada 31. Yo en mi clara rebelión contra esta tonteria lo paseaba  y disfrazaba de lo que me diera la gana. Yo no viví una noche de demonios en mi niñez y traté que el mío en su niñez la viviera igual o similar, aunque con tanto edificio es bastante complicado y nada productivo pedir.

La pobre fiesta de los niños está rodeada de los temores de demonios, brujas, seres del inframundo que llegan a este en esa noche, y eso nos evita pensar en los verdaderos brujos, brujas, monstruos y demonios que pueden estar caminando de día. Si, en esos que nos rodean en las escuelas, en la oficina, en la calle, en los puestos públicos en el lugar donde vivimos y que pueden convertir tu día en una pesadilla. En esos que se pasean en el congreso, en el concejo, en las asambleas. En esos que se encuentran al acecho a la salida de los bamcos o a la espera de un semáforo en rojo y un carro para robar.  En esos seres que sacan lo peor de ti. Esos seres que tienen máscaras de corderos pero que son lobos sangrientos esperando el mejor momento para atacar. Si, el mundo está lleno de ellos y lo que deberiamos enseñarle a nuestros hijos, en lugar de estar pendejeando con una noche del año cuando el resto de las 364 dias y noches del año, quedan indefensos, es a identificarlos, a crear sus propias barreras protectoras, a evadirlos, a combatirlos para disminuir ese poder que puedan llegar a creer que tienen.

Soy Pamela Cruz escribiendo hoy 1 de noviembre reflexionando sobre las incongruencias de forma y fondo de esta loca sociedad que se va por las ramas, porque le teme al tronco.

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