Como Colombiana he sido expuesta a la violencia desde siempre. Nuestros noticieros siempre han mostrado la cruda realidad que nos rodea. Nos inyectaron indiferencia ante la barbarie desde pequeños. Mi niñez estuvo adobada con las nocturnas noticias donde detallaban las matanzas del Magdalena Medio o las masacres de los paracos o de la guerrilla, la masacre de Bojayá, la toma del Palacio. Nos condicionaron a seguir adelante y dejar atrás la desgracia del día, porque en nuestra larga historia de violencia, las tragedias nos superan en muertos. Esas han sido las noticias diarias de mi vida, desde que tengo memoria. Tanto que en el 95 cuando me fui a España, me burlaba de las noticias de la tele porque parecían frios y patéticos magazines de farándula. Mundos distintos. Realidades distintas.
Vivimos días dificiles. Los de arriba, esa pequeña elite que dirige al mundo desde hace siglos, nos tiene metidos en un rollete enorme por cuenta de las diferencias promovidas durante siglos, para hacernos sentir especiales unos de otros y como consecuencia, diferentes todos de todos, al punto de matarnos por politica, religion, sexo, tierras, poder. Las redes se encuentran llenas de mensajes que unifican el repudio pero critican el silencio ante matanzas distintas. Se critica la simpatía por una bandera, se bloquean amigos de años porque otros creen ridículo indignarse por las muertes de otros y no por las propias. En los chats se viven momentos de tensión porque la emoción genera comentarios apresurados, alguien advierte entre indignado y ofuscado que no todos los musulmanes son terroristas. "Ey soy uno de ellos y no soy malo". Nos están enfrentando. Y no nos estamos dando cuenta. Nos estan obligando a repudiarnos. Nos estan obligando a tomar partido.
Esto no se trata de Paris. No es su gente. No es su política. No es la ciudad. No es el país. Es lo que significa para el mundo. Paris es un símbolo: símbolo de resistencia, de libertad, de democracia, de cordura. Si Paris enloquece, todo termina.
No permitamos que la locura nos arrastre, contra el deseo absurdo de los que quieren vernos sucumbir ante el odio. Es el momento de mantener la fe, la fe en el otro sin importar su color, el pasado político de sus antepasados, sin importar la religión que profesa, ni el Dios en el que crea. Hay que mantener la fe por la única razón importante: porque es un ser humano. Si permitimos que un miligramo de odio se incruste en nuestros corazones, contra un igual, poco a poco irá segando esa luz que nos separa de los viles que quieren que odiemos como ellos. Y los viles, señores son muchos y estan en todos lados. Esto es Maldad Vs Mundo. No hay más, no hay menos.
Soy Pamela Cruz, escribiendo desde mi pequeño refugio hoy 15 de noviembre mientras pido al cielo por los muertos de todos los rincones de la tierra, por la ciudad Luz y pido por luz en nosotros, para derrotar esa oscuridad que pretende instalarse en la tierra.
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