Esta soy yo.


"Lo que inició como un espacio de desahogo, se convirtió en un espacio de testimonio. Lo que Dios ha hecho en mi vida, es mi deber contarlo. No para mí sino para glorificar Su Nombre, sobre todo nombre. Él vive, Él nos ama, Él es real. Él cambió mi vida, para siempre."

domingo, 27 de marzo de 2016

El cascabel del gato

Veníamos de Santa Marta a la altura del puente de Cienaga cuando vimos una alucinación que tenía mis buenos años no veía: el tren de Cienaga a toda marcha con más de 20 vagones llenos de carbón. Mi hijo nos preguntó por q no había un tren que uniera Barranquilla con Santa Marta... "se imaginan lo rico que seria viajar en tren, lo barato que sería y lo rápido?"

Nos pusimos a pensar en los por qué nunca se tuvo un tren entre las dos ciudades. Se quebrarían los dueños de las concesiones, los dueños de buses, los de los peajes los políticos que dependen de la carretera. Son las mismas razones por las cuales Cienaga no sale del atraso eterno que padece, las mismas por las que Bogotá aún 70 años después sigue discutiendo la conveniencia del metro, o en la Costa seguimos teniendo como tema de conversación  por qué no trasladamos el aeropuerto de Barranquilla al punto intermedio entre Cartagena y la Arenosa. No es falta de voluntad política, es falta de conveniencia económica para los que se lucran de los negociados del subdesarrollo. Mientras el mundo avanza, el país se sienta a discutir sobre la conveniencia de un proceso de paz en vez de cómo meter a los corruptos en la cárcel. Las conversaciones giran alrededor de salir a marchar en contra de Santos el 2 de abril y no de cómo rechazamos a los que se roban el país en nuestras narices, mientras a los ladrones de cuellos blanco les damos la mano, los ponemos en fotos en Facebook o los adulamos, como si fuera un honor ser robados por semejantes personajes.

Si la paz de Santos se firma contra todo el viento y la marea que existe alrededor, y no polemizaré por ello, aún queda un monstruo peludo,  terrible y nefasto que quedará al desnudo cuando la excusa de la guerrilla se acabe, para echarle la culpa de todo lo que pasa en este país: el monstruo terrible de los corruptos que se mimetizan en las calles, en los tribunales, en las alcaldias, en el senado, en los contratistas, en los operadores fraudulentos del Bienestar Familiar, en los magistrados cuya reputación vuela con la velocidad de una declaración en radio. En los policias que piden la liga para no multar y en el ciudadano que, resignado, la da.

Mientras las personas de bien excusen a los monstruos que se mueven en las calles con el tonto, frágil e infantil argumento del "por lo menos él roba pero hace y así funciona el país", mientras esas mismas personas los escuden, los defiendan o miren para otro lado porque están montadas en los mismos buses de contrataciones y favores, o recibieron un mercado después de darles el voto, o porque el puesto se lo deben a un político que les hizo el favor, de nada servirá seguir en guerra o en paz.

Porque estos dos temas tan básicos solo serán cortinas de humo para distraer la atención de los que realmente acaban con nuestro futuro: los que nos roban la esperanza día a día y llenan sus bolsillos con avaricia.

Soy Pamela Cruz escribiendo hoy 27 de marzo en domingo de resurrección preguntándome cuando le pondremos verdaderamente el cascabel a todos gatos sueltos que se comen nuestro queso. 

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