Esta soy yo.


"Lo que inició como un espacio de desahogo, se convirtió en un espacio de testimonio. Lo que Dios ha hecho en mi vida, es mi deber contarlo. No para mí sino para glorificar Su Nombre, sobre todo nombre. Él vive, Él nos ama, Él es real. Él cambió mi vida, para siempre."

lunes, 3 de agosto de 2015

Amor de Hermanos

Se terminaron mis vacaciones y como siempre, antes de un vuelo, el insomnio se instala al lado de mi cama y simplemente me acompaña en una larga noche en silencio. Ya se volvió costumbre y no me resisto ante lo natural que resulta esta noche de desvelo. Mi mente repasa lentamente cada uno de los días vividos de estas vacaciones.

Estoy con mis dos sobrinos en Miami. He disfrutado en exclusiva 3 días de ellos. Los regaño como me regañaban mis tíos o mis padres cuando los veo pelear. O jugar al mejor estilo de los hermanos. Ayer estuve con mis amigos y mi familia en el cumpleaños de mi hijo. Yo con hijo único, no he lidiado hermanos y solo veo los toros desde una cómoda barrera. Mientras conversaba con mis amigos, veía con deleite como mis dos sobrinos - hijos de mi cuñada- se demostraban su afecto dándose puños porque se comían la comida del otro, porque no se dejaban en paz, porque, porque no tenían nada que hacer y querían joder la vida", literalmente hablando. Los hijos de mis amigos, -Lucho y Bernie-, corrían en competencia por la piscina mientras tratábamos de hacer que se mantuvieran quietos como estatuas en una silla. Reclamaban, a sus escasos 5 años, independencia y equidad en los movimientos del hermano con respecto a los suyos. "Por qué él sí puede ir a la piscina y yo no, mamá?" Mi dos sobrinos, hijos de mi hermana se demuestran cariño sacándose la piedra mutuamente. Se halan el pelo, se tiran cosas. "Se remedan" como decía mi abuela. Los hermanos, ponen a prueba la paciencia de los padres, caí en la cuenta ayer.

Hoy, nuevamente tuve la dicha de pasar con sobrinos el día. Mientras veía como se pelaban, reconciliaban, no se hablaban y volvían y repetían el ciclo nuevamente mis dos sobrinos y los de mi esposo, recordé como había sido mi infancia y adolescencia con mis hermanas. Tuvimos esas mismas peleas, nos reconciliábamos, nos dejábamos papelitos, nos escribíamos, nos disculpábamos y nos jurábamos jamás volver a pelear, sólo para descubrir que la tregua no duraba ni 24 horas. Pasamos tantos años como los hermanos que vi en mis vacaciones que estoy segura que estas discusiones son las que fortalecen el carácter y alimentan la resistencia ante los embates de la vida. Si uno puede sobrevivir al bullying de los hermanos y a la bipolaridad amor-odio que se vive día a día en una relación filial, se está preparado para enfrentar al mundo.

Soy Pamela Cruz, escribiendo en mi ultima noche de vacaciones en esta maratónica jornada de escritura, añorando esa época donde nos demostrábamos nuestro cariño cara a cara con algún golpecito suave o algún arañazo sencillo y luego, dejando constancia del desagravio, terminábamos la faena con un papelito lleno de arrepentimiento y de mucho amor de hermanas.