En los años noventas, cuando la oferta de televisión era mas bien escasa, hubo una serie que con el tiempo, se convirtió en icono : "El Toque de un Ángel". La historia giraba alrededor de Mónica, un ángel con amigos ángeles que recibía misiones celestiales semanales para ayudar a alguien a enderezar su camino. Recuerdo que yo fantaseaba con la idea de tener un ángel rondándome por ahí cuando tenia mi vida sentimental en crisis absoluta. Nunca se me apareció ninguno, bueno si, en España, pero eso es otra historia que ya conté unos cuantos post atrás.
Amo viajar, pero odio el preámbulo. Odio el web checking y no encontrar ventana adelante pero sobre todo, odio empacar. Doy vueltas como una loca alrededor de la maleta viendo que llevo y que no y así puedo pasar una noche entera hasta que, bien entrada la madrugada, se me ilumina el cerebro en algo tan básico como esto y logro acomodar todo de forma que no se me quede nada. Hoy particularmente, ni hice la maleta la noche anterior, ni había terminado mis pendientes para el día. Olvidé entregar el dinero de los pagos de servicios a mi esposo y cuando menos me esperé, estaba en marcha hacia el aeropuerto con varios billetes que no debía tener encima, en estos días de tanta inseguridad en Barranquilla. No llamé un taxi, como siempre hago. Tomé uno a la salida de la oficina. El primero que paró lo rechacé porque desconfié del taxista. El segundo lo tomé con toda la confianza, antes de recordar que tenía encima aquellos papeles que dicen llamarse dinero. Muy atenta al camino, el taxi se detuvo frente a un edificio que no había visto en años. Allí vivió una profesora amada por los que fuimos sus alumnos de primero elemental y que murió cuando estábamos en ese año, o en el siguiente, no lo recuerdo ahora. Saqué mi celular, tomé la foto y la publiqué en Instagram, acompañando la imagen de mis recuerdos sobre ella. Quede anclada en un recuerdo, hace 36 años. De pronto, levanto la cara, y para mi sorpresa, Yo no tenia idea por donde iba. La desubicación fue absoluta. Tengo tantos tomando la circunvalar para el aeropuerto que el camino no me era familiar. Mi primer instinto fue decirle al taxista: "Señor, usted por donde me lleva?". El me respondió con un "por el Barrio San Isidro Señora". Y 5 segundos después, viendo la nomenclatura de una casa, me ubiqué. 25 con 53 (Barrio San Isidro). Viró a la izquierda, paso la Murillo y luego derecho hasta la 30 rumbo al aeropuerto.
Desde la 30 con 25 hasta la entrada del Ernesto Cortissoz, recibí del taxista un sermón que duró aproximadamente 20 minutos, contando las veces que se callaba para tomar aire. entre otras cosas, me dijo " Yo solo la estaba observando. Pasamos por el Cementerio Calan Cala. Pasamos por el Sofia camargo," -y por no se donde mas)- "y usted no despegó la vista de ese celular. Yo, que soy un hombre bueno, pero que tal que le hubiera tocado un taxista de esos que hay por ahí. Ahora mismo estaría siendo atracada". También me contó que hace menos de un mes le hizo un servicio a una adolescente y durante todo el camino, ella hizo lo mismo que yo. Eran las 8 pm, el hombre llegó al destino, que resulto ser un parque donde se encontraría con su novio, y alrededor todo estaba oscuro. Estacionó el carro y esperó por 5 minutos. La chica seguía pegada al celular y no levantó la cabeza hasta que el taxista le dijo, "Señorita hace 5 minutos llegamos". La niña miró aterrada la oscuridad que los circundaba y arrancó a llorar. "Señor, señor, no me haga nada", le gritaba. Sobra decir, que el taxista, al igual que a mi, le dio su respectivo sermón antes de constatar que su novio, efectivamente estaba esperándola.
Soy Pamela Cruz escribiendo hoy 21 de agosto del 2015 desde mi hotel en Bogotá, luego de haber solucionado el asunto del dinero y recordando que hoy, mientras tomaba la foto del edificio donde vivió y murió mi querida profesora llamada Angelina Martinez de Fernandez, tuve un encuentro causistico con un Ángel, llamado Carlos, que me abrió los ojos ante el mayor peligro que nos ronda hoy día a todos, adultos y jóvenes: la distracción descarada frente a los hechos mas simples de la vida. Hoy entendí que un descuido, como el estúpido descuido de hoy, con alguien distinto al volante, hubiera podido tener un final mas diferente al sermón recibido de este, mi Ángel sin alas.


