Esta soy yo.


"Lo que inició como un espacio de desahogo, se convirtió en un espacio de testimonio. Lo que Dios ha hecho en mi vida, es mi deber contarlo. No para mí sino para glorificar Su Nombre, sobre todo nombre. Él vive, Él nos ama, Él es real. Él cambió mi vida, para siempre."

viernes, 18 de diciembre de 2015

El fantasma de las navidades pasadas

De los tres fantasmas en el más famoso cuento de navidad de todos los tiempos, "Un cuento de Navidad" de Charles Dickens, el que más me asustaba era el de las navidades futuras. Ese fantasma,  por demás aterrador, ofrecía un futuro lúgubre y triste al tacaño,  solitario y amargado Ebenezer Scrooge. Había un fantasma que me encantaba: el de las navidades pasadas. Le mostraba al viejo un pasado olvidado lleno de momentos felices y gratos recuerdos. Era, en aquel recorrido donde se removía su fibra más profunda y volvía a sentir aquella felicidad que sólo se siente al recordar "momentos felices", como dice el vallenato aquel.

En estas épocas, donde la agenda vive al tope con reuniones y reencuentros del pasado, no he podido evitar pensar en la añoranza por momentos vividos de un pasado que no vuelve. Te reunes con tus amigos del colegio, de la universidad o de la vida en un ejercicio mental por recordar y revivir sentimientos comunes del pasado. El afecto es un hilo invisible que nos conecta por esas viviencias. Existe porque todos estuvimos allí y sobrevimos a los embates de ese pasado que compartimos: que nos hizo reir, llorar, sufrir. Sin embargo, las vivencias son fotos, son escenas como las que revive Scrooge en las navidades pasadas, estan allí, inmoviles en las cámaras, en las fotos rancias que se van volviendo amarillas en los antiguos albumes o se van adentrando en los recónditos rincones de un cerebro que se hace mayor y viejo con el tiempo. Y, por mas que intentes generar nuevas fotos, nuevas anécdotas, nuevas historias, solo existiran las mismas, porque como lo sufre el viejo del cuento, no podemos añadir nada al pasado. Nada. El recuerdo, recuerdo es.

He podido comprender, pues, que el fantasma al que he temido ha sido al fantasma equivocado: El más tenebroso es, el que nos permite conformarnos con los recuerdos del ayer, ese que te hace recordar de vez en cuando a aquellos con quien compartiste pero te impide generar nuevos recuerdos de un presente común. Ha sido revelador entender que el cariño que se siente por alguien por hechos del pasado tambien tienen que alimentarse de presente. No solo con verse de vez en vez para hablar del ayer, se alimenta un futuro conjunto. Son acciones como estar, compartir y construir nuevas historias las que nos mantendrán unidos por ese hilo invisible creado a través del tiempo.

Soy Pamela Cruz escribiendo el 20 de diciembre, quizá descubriendo el agua tibia, escribiendo sobre algo tremendamente dificil de plasmar en letras pero sintiendo la imperiosa necesidad de compartirlo con todos en esta navidad. Que esta oportunidad de encontrarnos con nuestro pasado sea también el punto donde sigamos contruyendo presente y futuro juntos.

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