Esta soy yo.


"Lo que inició como un espacio de desahogo, se convirtió en un espacio de testimonio. Lo que Dios ha hecho en mi vida, es mi deber contarlo. No para mí sino para glorificar Su Nombre, sobre todo nombre. Él vive, Él nos ama, Él es real. Él cambió mi vida, para siempre."

lunes, 20 de julio de 2015

ACEPTACION

  Cuando estuvimos en New York, mi hijo me comparaba y me presentaba con cualquiera que hablara inglés como la doble de Sofía  Vergara. Al comienzo vivía totalmente emocionada por el parecido que él le encontraba; me sentía halagada por la maravillosa mirada que mi hijo tenía de su madre; sin embargo, cuando vi por primera vez Modern Family o Familia Moderna, conocí el significado del sarcasmo sin tono en la voz. Prácticamente se había burlado de mí y mi acento inglés.

Olvidé la afrenta pero seguí enganchada con la serie. Me fascina  el acento de Gloria – el personaje de Sofía- pero me encantan más las locuras que pasan y que viéndolas con ojo crítico, forman parte de la vida. En esta loca vida que todos vivimos. Los personajes de la serie los siento a mí alrededor, y los amo. Nos reímos montones de todas las situaciones, y en casa sabemos que cualquiera de nosotros ha vivido alguna de ellas.

Hoy, al contrario, el episodio de La Boda 1 y 2 me dejó llorando. Me conmovió profundamente, me enterneció hasta el extremo. Mitch y Cam se iban a casar y los padres aún no aceptaban, en el fondo, su unión, ni la particularidad que rodeaba el matrimonio gais de sus hijos. Llevábamos casi un mes escuchando el sarcasmo y las indirectas de Jay sobre lo que aún en el fondo de su corazón no podía asimilar. Sin embargo, finalmente, en el clímax del episodio, Jay cae en la cuenta que siempre ha estado allí para su hijo y no podía dejar de participar del que seria el día mas importante de su vida. Dejó fuera los prejuicios y mostró públicamente su afecto y amor por su hijo.

A veces en la vida nos dejamos llevar por los prejuicios que la sociedad impone, sacrificando en el camino los sentimientos de los que más amamos y los únicos que a quienes en realidad  importamos. Aquellos que se amoldan a nosotros,  se sacrifican por nosotros e inclusive, muchas veces, ceden para hacernos sentir bien frente a los demás. La aceptación total y sin restricción en la familia, es la bendición más grande y gratificante para cualquier ser humano, porque nos hace sentir amados, tal cual somos, respetados en nuestra esencia y refugiados  bajo el manto protector indestructible que nos hace poderosos frente a cualquier situación que trate de atentar contra nuestra dignidad.

Soy Pamela Cruz escribiendo hoy una tarde de sábado mientras disfruto de mi hijo, de mi esposo, en mi refugio llamado hogar donde me aceptan tal como soy, con mis soles y mis bemoles.