Hace unos días recibí un correo
publicitario. Un sobre amarillo con puntos rojos. Me preguntaba la comunicación si yo sabía a
donde se habían ido mis puntos Ganavivero. Reflexioné mucho antes de contestar
mentalmente la
pregunta. Cuando se abría la tarjeta decía que los puntos
Ganavivero estaban esperando por mi para convertirse en puntos Éxito. Estuve
pensando en mis pobres puntos Ganavivero y ya encontré la respuesta:
Mis puntos Ganavivero se
encuentran extraviados en algún archivo de un servidor central paisa,
atrapados, tristes, aburridos, esperando que yo los libere de su esclavitud
para convertirse en algo diferente. En
el pasado, mis puntos se acumulaban, felices, uno a uno con cada compra, y se
encontraban disponibles para gastarlos sin remordimiento en el 50% de un
producto cualquiera de las secciones de ropa u hogar. Mis puntos Vivero eran
valiosos y crecían y se multiplicaban a gusto con cada compra realizada. El
ahorro del 50% en una prenda o en un juguete, era exhibido con orgullo frente a
mi marido como una forma de aportar para la canasta familiar.
Pero esos tiempos ya no volverán.
Mis puntos Ganavivero están destinados a morir,
cuando un operador de sistemas
reciba la orden de eliminarlos del computador porque nadie los reclamó.
Puntos, perdónenme!!! Lo siento por ustedes pero mi dignidad no me permite
reclamarlos, convertirlos en algo que no quiero, canjearlos por un catalogo
limitado de productos que ya tengo y además, escogido por otros, no por
mi. Pretender convencerme de convertir
mis puntos a Exito a cambio de una rifa mensual hasta de $3.000.000 repartidos
entre los miles de participantes, un catalogo de precios especiales que no son
especiales, un 20% todos los miércoles de granja, cuando la competencia me da
el 30% y una rifa de un carrito ganador de mercado cada mes es inútil. No me
venderé por tan poco. Prefiero dejarlos morir.
Cuando los señores operadores del
Éxito comprendan que no pueden venir a la costa, imponernos su ropa cachaca,
sus almacenes aburridos, sin sorpresas, totalmente previsibles, sin ofertas y
actividades, todo tan bien organizado pero carentes de espíritu, de emoción, de
alma; cuando comprendan que al costeño no lo pueden convencer con un plato
montañero porque aquí lo que se come es sancocho, cuando ellos entiendan que su
mejor activo costeño era su sistema de Fidelizacion pionero en Colombia,
aniquilado sin compasión, que permitía conocer nuestros hábitos de compra, consentirnos,
que ambiente tener en el almacen para pasar mas tiempo dentro, cuando nos
respeten y no nos burlen, de pronto, en ese momento convierta mis puntos en
algo no traicione el espíritu con el que fueron creados.
Soy Pamela Cruz escribiendo el 17- nov - 2008
