Hay días de días y existen
también los días de aquellos. Los días de días son difíciles pero los días de
aquellos…., ahh! Esos son tan duros, tan duros que solo deseamos que se acaben
pronto y ver un nuevo amanecer que nos permita contemplar un mejor panorama.
Bueno, hoy tuve un día de
aquellos. Con tres cosas que rondan mi cabeza desde hace tiempo. Tres cosas que
me preocupan tanto que lograron trastornarme el día. Esperaba la hora de la misa
porque, aunque no me crean, Dios acostumbra a enviarme algunos mensajes que me
ayudan a solucionar lo que tengo enredado. Pues bien, mi mensaje de este
domingo no me llegó. De hecho el servicio fue inusitadamente corto y como lo
sentencié en voz alta, quedé con hambre de Su Palabra. Así lo dije a mi familia
y a unos amigos que salían, igualmente sorprendidos con el corto servicio de
hoy. Terminó mi día pero aún no
compraba algunas medicinas que me recetó el doctor. Seguía agobiada, molesta,
desesperada mis tres situaciones. Decidí
a las 9:25 pm comprar mis medicinas y así despejar un poco la mente o la
pensadera, como le dice mi doctora. Prendí el radio, había música
molesta, RCN tenía algo de deportes, así que decidí escuchar el Minuto de Dios.
Una mujer hablaba. Era una
cantante cristiana hablando en concierto. Hablaba de cuando tuvo problemas
económicos cuando llegó el quinto de sus
hijos con los que Dios la bendijo, y cómo El le había hablado y había
inspirado en ella una canción que habla sobre el cuidado que da Dios a sus
criaturas. Si cuida a las aves del campo con mayor razón a los seres que
trabajan. Básicamente el mensaje es “que no nos preocupemos que si Dios se
ocupa de los seres más pequeños de la tierra también se ocupa de nosotros”. Allí llegaba mi primer mensaje. Cantado.
Contundente. Solucionado mi primer problema. Allí mismo entregué mi primera
carga.
Me bajé del carro, compré lo que había
pero faltaba un medicamento bastante común que inusualmente tenían agotado. Me
molesté. Tendría que bajar hasta la otra sucursal. Prendí el carro y allí
estaba la misma mujer esta vez hablando de una experiencia que inspiró otra
canción que hablaba de aquellos cristianos que van a la iglesia, que ayudan
dentro de la iglesia pero que cuando ven la pobreza y la necesidad de la gente
en la calle, se preguntan a sí mismos que pueden hacer y al final esperan que sea otra la persona que ayude. Nuevamente
un segundo mensaje, entre cantado y contado,
directo a la yugular.
Manejé y me bajé de nuevo 12
cuadras más lejos en la otra Droguería donde me demoraron más de lo corriente
buscando la medicina y en todo el proceso de pago. Me subí otra vez estaba la
misma voz, esta vez comentando sobre aquella ocasión en la que estaba en una
imposición de manos en un estadio y se le acercó un niño pidiendo oración. Ella le pregunta por qué y el niño le
responde: “Mi mamá le pide que ore por mí, porque ella ya no me aguanta”. Ese
incidente inspiró una canción donde ella le canta a la Virgen y le pide que nos
dé a nosotras las mamás algo de Sus virtudes y paciencia y que nos guie en
nuestro papel de madre, así como Ella guió Jesús. Tercero y último. Claro y diáfano como el agua.Llegué a casa y justo antes de
apagar el carro, el programa se terminó y con él la angustia y el desazón que me
invadían tan solo media hora antes.
Soy Pamela Cruz, un domingo 8 de noviembre 2009, de
pre lluvia contando algo inusual en mis escritos, un testimonio que hoy ya
entrada la noche me llena de una profunda paz.