Esta soy yo.


"Lo que inició como un espacio de desahogo, se convirtió en un espacio de testimonio. Lo que Dios ha hecho en mi vida, es mi deber contarlo. No para mí sino para glorificar Su Nombre, sobre todo nombre. Él vive, Él nos ama, Él es real. Él cambió mi vida, para siempre."

lunes, 20 de julio de 2015

MENSAJES INSOSPECHADOS

Hay días de días y existen también los días de aquellos. Los días de días son difíciles pero los días de aquellos…., ahh! Esos son tan duros, tan duros que solo deseamos que se acaben pronto y ver un nuevo amanecer que nos permita contemplar un mejor panorama.

Bueno, hoy tuve un día de aquellos. Con tres cosas que rondan mi cabeza desde hace tiempo. Tres cosas que me preocupan tanto que lograron trastornarme el día. Esperaba la hora de la misa porque, aunque no me crean, Dios acostumbra a enviarme algunos mensajes que me ayudan a solucionar lo que tengo enredado. Pues bien, mi mensaje de este domingo no me llegó. De hecho el servicio fue inusitadamente corto y como lo sentencié en voz alta, quedé con hambre de Su Palabra. Así lo dije a mi familia y a unos amigos que salían, igualmente sorprendidos con el corto servicio de hoy. Terminó mi día pero aún no compraba algunas medicinas que me recetó el doctor. Seguía agobiada, molesta, desesperada mis tres situaciones.  Decidí a las 9:25 pm comprar mis medicinas y así despejar un poco la mente o la pensadera, como le dice mi doctora.  Prendí el radio, había música molesta, RCN tenía algo de deportes, así que decidí escuchar el Minuto de Dios.

Una mujer hablaba. Era una cantante cristiana hablando en concierto. Hablaba de cuando tuvo problemas económicos cuando llegó el quinto de sus  hijos con los que Dios la bendijo, y cómo El le había hablado y había inspirado en ella una canción que habla sobre el cuidado que da Dios a sus criaturas. Si cuida a las aves del campo con mayor razón a los seres que trabajan. Básicamente el mensaje es “que no nos preocupemos que si Dios se ocupa de los seres más pequeños de la tierra también se ocupa de nosotros”.   Allí llegaba mi primer mensaje. Cantado. Contundente. Solucionado mi primer problema. Allí mismo entregué mi primera carga.

Me bajé del carro, compré lo que había pero faltaba un medicamento bastante común que inusualmente tenían agotado. Me molesté. Tendría que bajar hasta la otra sucursal. Prendí el carro y allí estaba la misma mujer esta vez hablando de una experiencia que inspiró otra canción que hablaba de aquellos cristianos que van a la iglesia, que ayudan dentro de la iglesia pero que cuando ven la pobreza y la necesidad de la gente en la calle, se preguntan a sí mismos que pueden hacer y al final  esperan que sea otra la persona que ayude. Nuevamente un segundo mensaje, entre cantado y contado,  directo a la yugular.

Manejé y me bajé de nuevo 12 cuadras más lejos en la otra Droguería donde me demoraron más de lo corriente buscando la medicina y en todo el proceso de pago. Me subí otra vez estaba la misma voz, esta vez comentando sobre aquella ocasión en la que estaba en una imposición de manos en un estadio y se le acercó un niño pidiendo oración.  Ella le pregunta por qué y el niño le responde: “Mi mamá le pide que ore por mí, porque ella ya no me aguanta”. Ese incidente inspiró una canción donde ella le canta a la Virgen y le pide que nos dé a nosotras las mamás algo de Sus virtudes y paciencia y que nos guie en nuestro papel de madre, así como Ella guió Jesús. Tercero y último. Claro y diáfano como el agua.Llegué a casa y justo antes de apagar el carro, el programa se terminó y con él la angustia y el desazón que me invadían tan solo media hora antes.


Soy Pamela Cruz, un domingo 8 de noviembre 2009, de pre lluvia contando algo inusual en mis escritos, un testimonio que hoy ya entrada la noche me llena de una profunda paz.