Esta soy yo.


"Lo que inició como un espacio de desahogo, se convirtió en un espacio de testimonio. Lo que Dios ha hecho en mi vida, es mi deber contarlo. No para mí sino para glorificar Su Nombre, sobre todo nombre. Él vive, Él nos ama, Él es real. Él cambió mi vida, para siempre."

lunes, 20 de julio de 2015

DESATANDO NUDOS LIBERANDO ESPACIOS

Presentan una serie en la TV que me encanta pero que es muy mala. Se llama Ghost Whisperes y traducido significaría algo asi como SUSURROS FANTASMALES. El personaje de Melinda tiene el macabro don de ver fantasmas que se encuentran atrapados entre los dos mundos que generalmente tienen algo pendiente por resolver en la tierra. Esta mujer tiene la tarea de ayudarlos a cruzar el umbral hacia la luz y para ello, generalmente hace de  intermediaria entre el fantasma y ese alguien con quien tiene el asunto pendiente o el viejo resentimiento. Generalmente el programa comienza con un fantasma con cara de puño, atormentado, y vengativo. Luego de los 45 minutos de rigor, cuando descubre lo que lo retiene en la tierra, cambia la actitud y al final tienen cara de paz porque finalmente aclararon los malos entendidos, pudo decir (por intermedio de Melinda) las palabras que nunca salieron, y logran caminar hacia la luz mientras Melinda llora como si fuera su primer logro fantasmal. 

Recuerdo que en la serie Escalona también salió alguna vez algo de un fantasma que murió y que recorrió sus pasos solo para desatar los nudos que habían quedado atados en alguna etapa de su vida. Creo que la serie de Escalona me traumatizo lo suficiente para procurar ir por la vida desatando lo más rápido que puedo con una mano lo que mi otra mano ata por su lado. Por eso tengo fama de pedir mucho perdón. Creo que en el fondo tengo miedo de andar arrastrando una cadena de nudos y volver en forma de fantasma a los antiguos lugares en busca del perdón, la absolución o la explicación que pudo ser y no fue.

En estos días tuve la oportunidad de desatar un nudo que tenía amarrado por allá donde nadie lo veía, ni siquiera yo. En algún momento me enteré que estaba atado, amarrado, negro y sucio de tantos años guardado. Y me di a la tarea nada fácil de sacarlo de ese oscuro rincón y darle la cara. No fue fácil. Luego de un tiempo y algunos minutos valiosos de enfrentamiento con ese nudo, quedó libre el espacio en donde se alojaba. Desapareció, dejando en su lugar un enorme espacio. Me hizo sentir paz, tranquilidad y una enorme sensación de sanación interior.

Es increíble lo fácil que se pueden llenar los espacios del alma. Parecen rincones de nuestro hogar que poco a poco se van llenando de cosas que estorban, ropa que no nos queda, recuerdos inútiles, trastos viejos recuerdo de alguna historia, libros que creemos que vamos a volver a leer, baúles llenos de recuerdos o cajas de zapatos con algo de pasado juvenil en su interior. Cuando nos damos cuenta estamos tan llenos de cosas que no hay espacio para apreciar lo que tenemos ahora. No hay espacio para nuevos objetos fruto de nuevas experiencias, nuevos viajes, nuevos recuerdos. Los nudos se parecen a esos trastos viejos. Desatarlos y dejarlos ir es un acto de valentía. Es un acto de liberación.


Soy Pamela Cruz escribiendo el Sábado Santo 3 de abril 2010 de una semana de familia, amor y reflexión.