No sé si alguna vez he escrito sobre la fe. Es algo etereo, que mencionan todos en la biblia, en la iglesia, en las redes, en las oraciones de la noche. En los ruegos de las madres cuando estamos en examenes finales de los hijos. Hace parte de los buenos deseos que le ofrecemos a los enfermos, a los necesitados de aliento, a los desesperados de corazón. A los que vemos caminar por zonas oscuras de la vida. Le pedimos fe. Pero pocas veces sabemos lo que significa. A veces imploramos por ella al cielo y no recibimos respuesta. A veces se soluciona todo y sin embargo, sentimos que no pedimos con fe suficiente y lo que paso fue un golpe de suerte que nos dió la mano.
Hoy, despues de ver un video que anda por las redes sobre un chico que tiene un incidente y sobre el que se han tejido mil conjeturas, hoy despues de saber que los chicos buenos a veces se juntan con chicos desorientados y perdidos en un mundo loco como este, hoy después de sentir que la mala hora se puede aparecer sin avisar en la vida de cualquiera en un dia de sol, hoy despues de devanarme los sesos pensando como soltar el cordón que me ata a mi hijo sin que se pierda en el mundo de muchos caminos que llevan por sombras, hoy entendí que la fe es eso a lo que te aferras con todas tus fuerzas para que al final del día llegues a casa y encuentres a todos bien sanos y salvos. Fe fue lo que mantuvo a mis padres cuerdos mientras sus hijas adolescentes salían a la calle en una epoca sin celular, sin mayor comunicación que la que nosotras hubiéramos querido tener con ellos. Nunca les ví la angustia en los ojos y solo hasta hoy me pregunté cuantas veces habrían estrujado una almohada esperando que nosotras estuvieramos sanas y salvas mientras vivíamos una vida que, con los peligros de hoy, yo no sabría vivir.
Soy Pamela Cruz escribiendo desde esa fe que me permite pedir para que todo, todo salga bien.