Esta soy yo.


"Lo que inició como un espacio de desahogo, se convirtió en un espacio de testimonio. Lo que Dios ha hecho en mi vida, es mi deber contarlo. No para mí sino para glorificar Su Nombre, sobre todo nombre. Él vive, Él nos ama, Él es real. Él cambió mi vida, para siempre."

lunes, 20 de julio de 2015

UNA ELECCION DIVINA - Reflexiones sobre la maternidad

Las mujeres de mi generación creemos estar por encima de la naturaleza. La desafiamos constantemente: la desafiamos cada noche cuando nos quitamos cual capas de cebolla, los 3 mm de maquillaje que ocultan nuestras arrugas, pecas, manchas y que realzan la belleza que creemos no tener sin él. La desafiamos con la cantidad de cremas que reposan en la mesa de noche de la mujer de hoy donde reposan, a veces vencidos, una cantidad indeterminada de frasquitos con cremitas de hechicero que nos evitarán el paso del tiempo, ocultarán, absorberán, o desaparecerán las arrugas que no han salido o las que apenas se ven con lupa gigante, pero que todas las mañanas atormentan nuestro despertar. La desafiamos, cuando con autodeterminación y arrogancia, decidimos que primero trabajaremos, seremos exitosas, recorreremos el mundo, seremos millonarias, y luego buscaremos un marido ideal que nos de todo y que tenga todo y luego, tenemos el descaro de seguir desafiando cuando, casándonos decimos que esperaremos un tiempo a que se estabilice la relación y cuando ya, comenzamos a ver a nuestras amigas y amigos casados, cargando cochecitos, cambiando pañales y arrullando o sobrellevando una pataleta, ahí si se nos despierta el “instinto” dormido y decimos: “Vamos a tener un hijo”.

Y comienza la lucha entre naturaleza y mujer. Que si el día es, a correr a tirar porque se pasa la hora de ovulación; que se gastan los millones en inseminación asistida para ordenar al cuerpo caprichoso, que parece hijo rebelde, a hacer lo que nosotras ya tenemos ganas de tener. Cada mes nace una nueva esperanza y muere una nueva oportunidad. Cada día vemos doblegada nuestra arrogancia a niveles insospechados de humillación. Sufrimos y nos lamentamos. Lloramos, fortalecemos nuestra fé, depositamos nuestra confianza en Dios, con la esperanza oculta de la vista de todos pero que no alcanza a esconderse de la de EL que se haga nuestra voluntad y no la de Suya. Y lloramos, lloramos mucho. Nos lamentamos. Seguimos llorando. Y como la ley de Murphy dice que si intentas no hablar de algo que duele, todos los que te lo puedan recordar, lo harán, entonces cada vez que te encuentras con alguien te hace la maldita pregunta imbécil por la que crees valdría la pena cometer homicidio no premeditado sustentado en ira e intenso dolor sin caer en la cárcel: “ Y ustedes para cuando están pensando encargar familia?”

Cuando todo falla y luego de caer en la desesperanza, comenzamos a pensar en la adopción. La sola palabra provoca que un salón de amigos quede en silencio absoluto en un instante. Que comiencen a salir todo tipo de comentarios y experiencias de amigos de los amigos a quienes tuvieron hijos adoptivos con todos los problemas del mundo. No hay historias positivas, no aparentemente. Todas parecen historias de miedo, de terror.

Pero cada vez toma más fuerza la idea, acaricias la posibilidad de amar a alguien no importando de donde viene, sino dando todo para que vaya a donde tu lo lleves. Pese a los comentarios, a los miedos de quienes ya tienen todo y no les importa acabar con las ilusiones de otros, comienzan a aparecer cual flor en primavera, personas, creo que son enviadas por Alguien sabio, que te muestran otra realidad: La realidad del amor incondicional al máximo extremo. Ese amor que es mas puro inclusive porque se trata de la decisión de Amar a alguien que no es nada tuyo, que no salió de ti, que no tiene tu sangre, al que solo te une una cosa tan frágil y tan fuerte que la hace más poderosa que la misma sangre y la misma ascendencia y la misma biología: la firme convicción de que ese ser pequeño y frágil vino al mundo UNICA y Exclusivamente para ser tu hijo. Y punto. Las historias que rodean mi vida son muchas: esposos como los que describí, familias con un solo hijo que lucharon por el segundo que nunca llego, esposas que aceptaron hijos ajenos anteriores a ella, por la muerte o el abandono de la primera mujer. Lo mismo pero al revés. Todas las historias que he escuchado y he tenido la oportunidad de conocer tienen algo en común: El amor incondicional. El amor que todo lo puede y todo lo da. El amor, ese que solo se da por un hijo a secas, no de sangre o de crianza. Porque las historias que he conocido no hacen esa distinción. Solo distinguen dos cosas: La vida de sus protagonistas antes y después de la llegada de quien les cambio su mundo para siempre. Como dijo mi hijo alguna vez que le preguntamos sobre tener un hermanito adoptado y los temores frente a su procedencia: " No me importaría y no debería importarles. -porque conociéndolos a ustedes el amor seria tan grande que harían lo imposible para sanarlo, curarlo y ayudarlo."


Soy Pamela Cruz escribiendo el 29 de abril 2012, sobre un tema que aun me hace llorar, sabiendo que en el país el 80% de los niños abandonados mayores de 5 años, está destinado a ser criado por el Instituto de Bienestar Familiar. Pero conociendo a seres tan hermosos que dan amor incondicional a hijos que son suyos por elección divina.