Hoy me levante desde las 5 am viendo el amanecer. Mi espíritu quería levantarse pero mi cuerpo no lo dejaba. A las 7 am el espíritu venció en esta lucha de voluntades y finalmente salimos a caminar mi esposo y yo.
Nos fuimos al Parque de Buena Vista. Mucha gente. Quien no sepa de moda deportiva, que se dé una pasadita por allá para ponerse al día. Ese fue mi caso. Artículos para ser el más visible de la vía, accesorios para controlar todas las calorías quemadas, los pasos dados y la aceleración cardiaca. Imagino que hay montones de bloqueadores que se escurren por el sudor emanado de todos esos deportistas. Es mi primer día en la caminata. Desisto de seguirles el paso y a falta de conversación, que es lo que me encanta hacer pero me da un terrible dolor en el estómago, me dispongo a observar el paisaje. Muchas personas con perros, amigos de actividad que se encuentran y gran cantidad de papas y mamas, con mejor estado físico que el mío. También veo las ventanas de los casi 17 edificios mal contados que hay en el boulevard. En un par de ellos se asoman perros melancólicos que aúllan cuando ven pasar un congénere que si camina mientras ellos solo observan por la ventana. Hay ropa en balcones (carne de cañón para las administraciones que luchan contra la contaminación visual de ver calzones expuestos al escarnio público). Pero en la gran mayoría de ellos, las ventanas estaban adornadas con unas hermosas cortinas que no dejan ver lo que hay adentro de estos apartamentos. Imagino entonces, que tampoco es gran cosa lo que ellos pueden ver en la zona de Buena vista. O lo que es peor aun, imagino que compraron sus cortinas para evadir la terrible realidad que ven cuando se asoman a la ventana.
Hace mucho tiempo que no subo a un apartamento de estos que se están vendiendo en planos y que en los folletos te hacen ver que compraste el paraíso en la tierra. Casi que una propiedad cerca de Miami, o de BocaRaton. Imaginemos a uno de los propietarios de los que compro una de las propiedades más costosas porque tenían vista al parque. Imagino el speech. “Está comprando su apartamento en el sector de mayor desarrollo de la ciudad. Los proyectos que se están trabajando llegaran muy pronto al corredor universitario. También se encuentra muy cerca del mejor Centro Comercial de la ciudad. El más glamuroso, el más completo, el más divertido, el más elegante. Adicionalmente tiene usted una vista al parque más grande de Barranquilla. Lo despertarán los pájaros en la mañana (me consta que antes había), y si usted tiene niños, además del parque interno del conjunto, tendrá una amplia zona donde jugar y divertirse. Ahhh. Usted quiere el apartamento del piso 20. Bueno, este es más costoso, por la vista tan majestuosa que tiene. Prácticamente podrá usted ver el Rio Magdalena y la Ciénaga de Mallorquín. Si las mañana son despejadas, podrá apreciarse la Sierra Nevada de Santa Marta”. Acto seguido, como estoy segura que ha pasado, todos se imaginan levantándose en la mañana viendo estas maravillas del cielo, solo aquí en la tierra. La tierra prometida en el apartamento soñado. Y el sueño termina cuando, al mudarse la realidad nos aterriza.
17 edificios con un promedio de apartamento de 90 por propiedad. Todos mirando al parque. Parque? Un parque sin sombra. Con palmeras que mueren, con árboles pasmados, sembrados por obligación por las urbanizadoras que creen que sembrar sin ciudad los exime del compromiso de restitución arbórea. Un parque sin dolientes. Describo el panorama cerca a los 100 metros de la propiedad. Porque de lejos, no es mejor. Excavadoras que abren huecos para el desarrollo. Mas edificios y edificios sin ornamentación, sin paisaje, solo cemento y concreto. Yo también compraría cortinas, de esas que tienen Black-out, y las pondría.
Lo triste es que el paisaje no está en manos de Elsita que ya demostró como florece Barranquilla, bajo su administración sesgada y con profundas deficiencias urbanísticas. Lo triste es que en sociedades como la nuestra, si la administración pública no actúa por su ineficiencia, su descuido por lo comunitario y su indolencia, nos corresponde a todos los que estamos en la zona de influencia del Parque mas grande de Barranquilla, apropiarnos y convertirlo en una extensión nuestra.
Cuando miro ejemplos como el parque El Golf, rodeado de los edificios con los más ricos de Barranquilla, o el Parque del Rincón Latino, rodeado con las casas más humildes de Barranquilla y veo el nuestro, el de Buena Vista, el de la Vista Pésima, siento que la única diferencia entre esos parques y el nuestro, es la actitud de los vecinos hacia lo público, lo comunitario. El padre Hoyos, me contó cuando convirtió una cloaca en lo que ese día yo estaba observando, que todo había sido educar a los vecinos a amar el parque. Los vecinos del El Golf cuentan que los jardineros de estas casas, se turnan el arreglo del parque que hoy todos disfrutan. ¿Qué esperan las 6.200 personas aproximadamente que viven alrededor del parque y que esperamos los casi 10.000 que vivimos alrededor para convertir, al gran anzuelo con el que nos vendieron esta ubicación, en un Central Park? ¿Que Elsa lo haga? ¿Que el Damab lo haga?
Convoco a Merce Botero y su #CiudadanodeHonor, a mis amigos que viven, gozan y disfrutan del peladero que llamamos parque como Nadua Tarud, Mauricio Tinoco, Claudia Rossi, al Gobernador Jorge Segebre y a su familia que en buenahora hicieron el Centro Comercial más importante de Barranquilla, a los administradores de los edificios alrededor a hacer algo, a que juntos montemos un proyecto para convertir este peladero actual en un magestuoso “ BuenaVista Central Park”. Ya no importa que las urbanizadoras, ni las que vendieron el terreno no hicieran su tarea. No les importa a ellas. Me importa que nosotros en 5 años bien contados podramos contar con un parque a la altura del Parque Rincon Latino, o del Parque El Golf. O mejor quizás.
Soy Pamela Cruz, escribiendo hoy domingo 3 de agosto 2014 en una extraña medio fresca mañana de verano inclemente, pensando en que LA GRAN DEPRESION paisajística de esta ciudad se combate con acciones ciudadanas pequeñas individualmente pero grandes en su conjunto. Buscamos oxigeno, y aire puro, tal vez es hora hoy de no buscarlo, sino de sembrarlo y mantenerlo.