Emanuel esta bravo conmigo. Me dice que soy una mala mamá.
Soy mala porque no tiene televisor en su habitación, porque esta atrasado tecnológicamente hablando, porque mientras sus amigos tienen play I, II, III, X
Box, Wii, Guitarr Hero, portátil, PSP, DSi, entre otras y el mio solo tiene alguno de esos elementos
desde hace 2 años y tiene su uso restringido a fines de semana y por horas
establecidas. Me dice mala porque no tiene portátil y aún no tiene cuenta en
Facebook. La intentamos crear pero la edad, la real y verdadera no permitió que
la creáramos. Solo así me entere que los niños menores de 13 años no pueden
usar FB y que algunos de los amiguitos de mi hijo ya la tienen en el
colegio. Mi hijo se enoja y me acusa de
ser la peor madre del mundo porque tiene horario para dormir y debe ordenar su
ropa. Porque no puede comer dulce toda
la semana, porque debe hacer sus tareas cuando llega del colegio. Porque quiere
ver TV todo el tiempo. Porque no lo dejo ser él.
Algún día, le digo, comprenderás porque me tocó ser la peor
mama de este mundo y espero que lo comprendas. Algún día se que me dará la
razón y repetirá lo mala que fui con el haciendo lo mismo con su familia. Ansío
que ese día llegue porque de esa forma veré convertirme en una madre buena que
educó y que prefirió sacrificar popularidad por educación. Y por el bien común.
En una semana donde la gente piensa que Antanas es malo
porque prefiere la verdad a la popularidad, considero importante rescatar que a
veces a los que buscamos el bien general nos toca tomar medidas dolorosas que al final del ciclo se ven recompensadas por resultados satisfactorios.
Soy Pamela Cruz, escribiendo a 36 horas de iniciar la
primera etapa de un día fascinante para nuestra democracia, convencida que
prefiero una mamá mala que tome medidas impopulares pero reales y necesarias que
una buena que me lleve directo a la hecatombe, y sin escala intermedia.