Como algunos saben, durante 8 años, 11 meses y unos días trabajé en la Universidad del Norte, administrando los almacenes. El primer día de trabajo, recordé el ritual con el que me recibieron en mi primer día de universidad por allá, en el año 89.
Ese día, nos reunieron a todos en la cafetería de la U. El rector, el Dr Ferro, pronunció su discurso de bienvenida a nosotros, los primíparos. Sus palabras nos tocaron profundamente. Eramos grandes. Eramos Universitarios. Luego, nos dividieron por carreras y agruparon en un salón a todos los que se convertirían en mis amigos de Ingeniería Industrial. Durante una jornada agotadora, nos habló todo el mundo: El vicerrector, el Director de Bienestar, la persona de registro, y no recuerdo quienes mas. Nos dieron el reglamento, nos dijeron qué esperar de sus oficinas, nos hablaron de los retiros de materias, de los vacacionales, de cómo ubicarnos dentro de la universidad, de lo que podíamos y de lo que no podíamos hacer, durante los 5 años que estaríamos en el claustro académico.
Pues bien, 17 años después, participé en la primera como funcionaria, en la que le hablé a casi 700 chicos que ingresaban en esa época a estudiar, s9bre las bondades de comprar en mis almacenes. Primíparos como yo en la misma universidad, 17 años más moderna de la que me tocó. Me sorprendió que la metodología seguía siendo la misma: Habló el rector, los dividieron en grupos, en mas grupos y en cada salón desfilamos funcionarios que explicamos basicamente lo mismo, como funcionaba la U, con nuevas tecnologías, con nuevos servicios, con nuevas comodidades. Al comienzo me pareció jartísimo, repetir la misma historia cada 6 meses, hacer el mismo recorrido universitario y prácticamente , repetir y repetir. Luego comprendí que cada semestre, llegan nuevos y llegan perdidos; salen los viejos, la población se renueva, y estas jornadas de inducción, constituyen un esfuerzo monumental por transmitir desde la fuente fidedigna la memoria histórica de lo que se debe y no se debe hacer dentro de la institución.
Esta semana las redes comentan los pormenores de la chica que murió por imprudente al jugar con fuego, en este caso con agua. Con los monstruos en los que se convierten las calles de la ciudad cada que llueve.Los titulares y los entendidos vociferan indignados, "la gente no aprende"," la imprudencia de la Gente, cobra nuevas victimas", etc. Sin embargo, en ninguna parte he visto, y si alguien sabe donde lo hace que me lo diga, en qué colegio, institucion o lugar, hacen jornadas permanentes de inducción donde se transmita ese conocimiento que deben tener todos los que vivimos aqui, desde el día 0 hasta el día que nos morimos o nos mudamos.Ese lugar donde nos explican a los habitantes de la ciudad, de los peligros que corremos cuando comienza la lluvia. Desde la ventana de mi primera casa veía pasar un verdadero rio, cada invierno, el de la Cra 50. Tan solo hace unos 15 años comenzaron a colocar avisos con la frase de :Arroyo Peligroso". Hasta hoy me enteré que existe una pagina llamada www.arroyosdebarranquilla.com donde sale el trazo perfecto de la ruta de cada uno. La Universidad del Norte tiene una aplicación que se activa cada vez que comienza a llover y me llega el mensaje en twitter sobre el aumento del caudal en las calles donde se encuentran los sensores. Hay herramientas para prevenir, y sin embargo, ninguna clase para impartir. A nivel oficial no existe una forma de enseñar y prevenir a una poblacion que solo transmite su versión, si la tiene, sobre los arroyos de Barranquilla. Mientras no exista un compromiso de inducción y de divulgación, como el que hacen los funcionarios de Uninorte con la poblacion que ingresa a las calles de la ciudad, los niños, los jóvenes y adultos que van poblandola y que no han visto nunca como se traga un arroyo a una persona, se enfrentarán desarmados a los peligros de la misma.
Soy Pamela Cruz, escribiendo el 25 de julio luego de ver un video bastante ilustrativo que explica la ruta asesina de la serpiente de agua llamada "El arroyo de la muerte".