Esta soy yo.


"Lo que inició como un espacio de desahogo, se convirtió en un espacio de testimonio. Lo que Dios ha hecho en mi vida, es mi deber contarlo. No para mí sino para glorificar Su Nombre, sobre todo nombre. Él vive, Él nos ama, Él es real. Él cambió mi vida, para siempre."

lunes, 20 de julio de 2015

UN VERGONZOSO HOLOCAUSTO - Reflexiones del Palacio de Justicia

Tenía como 12 años cuando comencé a interesarme por la segunda guerra mundial. Creo que fue por una película que se llamaba Holocausto que duró como 4 horas y por la cual lloré como 2 horas durante y una semana después. Hasta ese momento no tenia una dimensión exacta de lo que había pasado en la segunda guerra mundial. De lo que le había sucedido a una gran cantidad de judíos. De allí en adelante, comencé una frenética campaña de lectura que incluyó de todo: Libros sobre paracaidistas, libros sobre Hitler, libros sobre niños en la guerra, el libro de Ana Frank. De todo paso por mis manos. Los leía y los releía tanto que ahora los veo con respeto pero soy incapaz de abrir una pagina de nuevo. Me hastió el tema. Me dio vergüenza. Me sentí aprendida la lección. Algunos años después, tuve la oportunidad de ver una película  argentina, llamada La Noche de los Lapices, en la cual describían con un aterrador realismo el arresto, tortura y posterior desaparición de jóvenes argentinos que protestaban por un subsidio de transporte. Aún llevo los cortes de la película en mi cabeza, lloré de impotencia y aún me parecía mentira que aquello hubiera pasado en un país latinoamericano.  Hasta hace poco conocí en México una mujer argentina muy agradable que me habló de la terrible dictadura que padeció cuando tenia 22 años, y de la huyó luego de la muerte de su hermano y la persecución que había contra su familia.

En el 86 vivimos nuestro propio holocausto. Sucedió en noviembre, unos días antes de Armero. Fue espantoso, tanto que nadie lo creía, sobre eso hay tanto escrito que no me quiero detener en detalles. Durante 24 años, cada noviembre los medios me recuerdan la fecha, lo que sentí en  aquellas horas de horror, como un mal recuerdo deseo que el día termine prontamente por los sentimientos de angustia que generan en mi memoria.

Mientras escucho La Noche en NTN 24, la piel se eriza con los relatos sobre las victimas del palacio. No acerca de las que murieron dentro, sino las pobres que se creyeron salvadas cuando salieron de la mano, en los hombros de los soldados que las sacaron vivas y que luego, para nuestra vergüenza colectiva, terminaron muertas o eternamente desaparecidas de la faz de la tierra.


Hoy  me da vergüenza. Le pido perdón a las familias de aquellas personas por mi indiferencia. Por voltear la cara durante 24 años cuando cada año recordaban que hubo personas que salieron y que no volvieron. Hoy siento pena por mí. Por mi generación, por la de mis padres que aún cree que la vida es sagrada solo dependiendo de la etiqueta de quien la lleve. Hoy lloro por aquellas victimas de represalias fruto del error humano, de la ambición inmediata, como los falsos positivos, de los prejuicios sociales, como el asesinato de los mal llamados desechables a mediados de los 90 en Barranquilla y todas las limpiezas sociales, lloro por aquellas personas que erróneamente creen que la muerte de quien piensa diferente es menos valiosa que la de la generalidad del pueblo. Lloro porque con el desprecio a las muertes de las personas que salieron vivas del Palacio, siento que estamos mas enfermos de lo que pensábamos.

Soy Pamela Cruz, llorando hoy 13 de junio 2010 porque Colombia es un país donde nadie cree que la vida es Sagrada.