Acabo de llegar de caminar. Me toca. No me gusta pero me toca porque el cuerpo me lo pide. Pasaban los expertos a mi lado corriendo y llevando el control de sus pasos con aplicaciones móviles como las que nos avisan que mi amiga Claudia Rossi ha caminado 50 km mientras yo de vainas le di la vuelta al parque, y llegué jadeando a mi casa. Pero no importa. Comencé y es lo importante.
Llegue a casa y leo el periódico cargado de maldad y de pésimas noticias diarias. Una me llama la atención. La muerte de Adrián Hernández, el otrora presidente de Comcel. Me conmueve su muerte por las condiciones en que vivió sus días. Un tipo grande, poderoso, rodeado de lujo que murio casi en la pobreza y solo.
Me hizo recordar a Eckhart Tolle en El poder del Ahora cuando recomendó ir a los cementerios por lo menos vez al mes y analizar esas tumbas y mausoleos lujosos, llenos de flores y constatar de primera mano en donde termina el poder, el lujo y la riqueza. "Es un ejercicio de humildad" dice Tolle, Yo le llamaría un ejercicio de ubicación y de realidad. Porque muchas veves nos topamos por el mundo con seres que creen que son dueños de todo, hasta de tu destino, sin entender que todos, todos, somos tan iguales que terminaremos nuestros dias en un lugar donde no habrá acceso a los lujos ni a las riquezas que nos rodearon mientras vivimos ostentandolas a los demás.
Soy Pamela Cruz escribiendo hoy mañana soleada de sabado cuando he retomado el control de mi cuerpo y de mi destino.