Esta soy yo.


"Lo que inició como un espacio de desahogo, se convirtió en un espacio de testimonio. Lo que Dios ha hecho en mi vida, es mi deber contarlo. No para mí sino para glorificar Su Nombre, sobre todo nombre. Él vive, Él nos ama, Él es real. Él cambió mi vida, para siempre."

lunes, 20 de julio de 2015

EL COCO MODERNO- Viviendo en un país enfermo

Cuando era pequeña y no obedecía, recibía invariablemente amenazas con la aparición del famoso y nunca visto "Coco".  Si me portaba mal, si no comía las verduras o  si le pegaba a mi hermana,( lo que ocurría con cierta frecuencia), desaparecería de la faz de la tierra devorada por el famoso coco. Nunca lo ví. Nunca me lo tope pero de alguna forma sus efectos devastadores marcaron mis pasos rectitud forzada en mi infancia.

Como los niños de hoy  tienen en el chip la vacuna anti sustos, he tenido que tratar  nuevas formas de terror para lograr los objetivos  en  casa. Traté con el Mohan, con la pata sola, con la llorona e inclusive alcance a mencionar  el Coco y nada me funcionó. Por fin alguna vez, por casualidad, mi hijo que me preguntó sobre drogas, tuve la oportunidad de contar una historia de la vida real, por lo menos una historia que lo puso a pensar cuando piensa que va a hacer algo mal.

Fue la historia de un amigo que ahora descansa, espero, en la paz del Señor. Un amigo que conocí en la época en la que los mejores amigos estaban en el mismo barrio. Crecimos juntos, jugamos  juntos y, en algún momento que se escapa a mi entendimiento, su camino se separó y tomó el oscuro sendero de las  drogas. Nunca lo supimos cómo pero cuando menos lo esperamos ya estábamos haciendo un grupo de apoyo en Crea, tocábamos en navidad, participábamos de todas las actividades internas, los visitábamos. Fue una época intensa de nuestras vidas. Vimos historias espectaculares de recuperación, conocimos jóvenes admirables con historias increíbles y también sufrimos cuando después de verle crecer su hermoso cabello, marco de un rostro vivaz, a la siguiente visita nuevamente veíamos aquella bola de billar con ojos tristes y avergonzados. Tuve dos amigos en esas condiciones. Uno de ellos salió adelante, el otro por más que lo intento, no pudo. Se hundió más y mas en ese mundo loco, todos se cansaron de tratar de sacarlo del hoyo, mientras él perdía el brillo de sus ojos y se hundía en su mundo. Una mañana triste, apareció muerto en una casa cercana. Desgreñado, irreconocible. Sólo hurgando debajo de aquellos harapos viejos y mugrientos, y de lo que quedaba aquella melena ensortijada, descubrieron los vecinos de quien se trataba.

He recordado a este amigo y su historia porque a veces parece que vivo una historia similar. Una historia donde el enfermo es mi país y igualmente enfermos somos todos los que vivimos en él. Un país donde crece la resignación, donde preferimos voltear hacia el otro lado cuando lo que vemos, no nos gusta,  nos incomoda, o nos aterra y nos saca de nuestra zona de confort.  Será que estamos tan enfermos como los amigos y familiares de mi amigo que finalmente sucumbimos ante la magnitud del problema y no luchamos hasta el final? (me incluyo yo, que mea culpa, alguna vez lo vi en la calle y me di la vuelta asustada).

Vivimos en un país enfermo donde ya todos volteamos la cara. Vivimos en un país que necesita gente sana y tenaz para no dejarlo sucumbir. Gente que vuelva a pensar y a creer que La vida es sagrada, que los dineros públicos son dineros sagrados, que con educación todo se puede, que la constitución es nuestro marco legal, que deben existir solo atajos legales y éticos, que los servidores públicos deben trabajar para quienes los elegimos y no para construir sus riquezas con dineros de otros.

Aplicando lo que aprendí en el grupo de ayuda de mi amigo, Me declaro enferma viviendo en un país enfermo, pero también me declaro deseosa de curarme. Necesitamos curarnos, pronto, por el país que heredaran mis hijos, mis sobrinos, los hijos de mi amigos.


Soy Pamela Cruz escribiendo el 24 de abril del 2010,  luego de 5 días tratando de expresar el agobio que siento al ver cómo buenas personas están enfermas, pero aún no se dan cuenta.