Esta soy yo.


"Lo que inició como un espacio de desahogo, se convirtió en un espacio de testimonio. Lo que Dios ha hecho en mi vida, es mi deber contarlo. No para mí sino para glorificar Su Nombre, sobre todo nombre. Él vive, Él nos ama, Él es real. Él cambió mi vida, para siempre."

miércoles, 22 de julio de 2015

ALICIA EN EL PAIS DE LAS MARAVILLAS


Cuando era niña, tuve varias oportunidades de demostrar mis dotes histriónicas: introvertida como no era, me ofrecí y fui aceptada a interpretar el papel que me dio a fama entre los alumnos del Colegio Americano en 4 de primaria: Ser la Alicia del cuento "Alicia en el País de las Maravillas". El famoso libro de Lewis Carroll, del que conservo la versión originalmente comprada por mi madre, para que yo interiorizara mi papel, a partir de la lectura del personaje.

Lo que leímos todos los que nos encarretamos con la historia, es que la dulce Alicia es atrapada por la curiosidad de un conejo con reloj que corre raudo y veloz porque teme llegar tarde a la cita, y termina hundiéndose en un hueco- laberinto que finaliza en un país maravilloso donde vive increíbles aventuras, que pasan por un gato que se desvanece, un sombrerero loco, una oruga medio trabada, una reina neurótica y asesina y un rey bastante sometido. A todos nos atrapó la historia y en medio del lenguaje infantil de Carroll, se han popularizado frases interesantes como aquella que le dice el gato a Alicia cuando le pregunta qué camino tomar en medio de una bifurcación: “Si no sabes a donde llegar, cualquier camino te sirve”.

Lo que a nadie se le ha ocurrido pensar es si Alicia en realidad disfrutó de ese tremendo paseo involuntario al que se vio sometida por cuenta de un conejo con reloj. Cuantos conejos en la vida nos desvían de nuestro rumbo y nos hacen transitar por caminos turbios y oscuros, haciéndonos sentir perdidos de la vida misma? Cuantos sombrereros locos no hemos tenido que lidiar en nuestro diario vivir pidiéndonos imposibles porque sus caprichos son mas grandes que la posibilidad de cumplirlos? Cuantos medio trabados nos hemos topado que piensan que ellos son los dueños absolutos de la verdad? Cuantos neuróticos sorteamos que no desean sino atraparnos y volarnos la cabeza, en medio del orgullo que los ciega? Cuantos sometidos vemos en el camino, que transitan hundidos en la desdicha, el desazón o la cobardía? Cuantas veces se nos ha aparecido una voz que medio burlona, nos cuestiona y nos hace razonar en medio de la locura, sin encontrar una salida? La historia de Alicia termina cuando ella despierta azorada debido a la persecución de las cartas de la Reina de Corazones. Imagino que ella continuó con su vida preguntándose permanentemente si aquello existió en realidad.

Muchas veces la vida nos hace caer en esos agujeros, persiguiendo un conejo con reloj. Iniciamos la frenética búsqueda de una salida que nos lleve sanos y salvos a nuestro hogar y no hacemos mas que adentrarnos en una serie absurda de situaciones, cada una mas bizarra que la anterior. Finalmente, cuando logramos salir del hueco, cansados, agotados por el esfuerzo, nos queda aquel sinsabor amargo, aquel sentimiento de frustración, de tiempo perdido, de energías agotadas, aquella sensación de retroceso en lugar de avance como personas, o como profesionales.

Lo que posiblemente no hemos pensado es que aquella carrera contra el tiempo para salir del laberinto, mostró la casta de nuestro cuerpo, nos demostró la madera fina que tenemos dentro, nos llevó por parajes obscuros de la Mano Invisible que nos cuidó cuando solo dependíamos de nuestros instintos. Nos hizo mas fuertes, nos agrandó y nos achicó para pasar por puertas imposibles si hubiésemos tenido nuestro tamaño real. Esa carrera contra reloj, contrario a lo que podría pensar los que la hemos vivido, nos hizo fuertes, nos hizo grandes, nos hizo mejores.


Soy Pamela Cruz, escribiendo hoy 22 de julio,2015, para esos amigos amigas e incluso para mi misma, para todos los que en algún momento de la vida, caímos en algún agujero y al salir sentimos que no hicimos nada. Lo hicimos todo, y hoy, somos mejores gracias a nosotros mismos.