Cuando era niña, tuve varias oportunidades de demostrar mis dotes histriónicas:
introvertida como no era, me ofrecí y fui aceptada a interpretar el papel que
me dio a fama entre los alumnos del Colegio Americano en 4 de primaria: Ser la
Alicia del cuento "Alicia en el País de las Maravillas". El famoso libro de Lewis
Carroll, del que conservo la versión originalmente comprada por mi madre, para que
yo interiorizara mi papel, a partir de la lectura del personaje.
Lo que leímos todos los que nos encarretamos con la
historia, es que la dulce Alicia es atrapada por la curiosidad de un conejo con
reloj que corre raudo y veloz porque teme llegar tarde a la cita, y termina hundiéndose
en un hueco- laberinto que finaliza en
un país maravilloso donde vive increíbles aventuras, que pasan por un gato que
se desvanece, un sombrerero loco, una oruga medio trabada, una reina neurótica y
asesina y un rey bastante sometido. A
todos nos atrapó la historia y en medio del lenguaje infantil de Carroll, se han popularizado frases interesantes como aquella que le dice el gato a Alicia cuando le
pregunta qué camino tomar en medio de una bifurcación: “Si no sabes a donde
llegar, cualquier camino te sirve”.
Lo que a nadie se le ha ocurrido pensar es si Alicia en
realidad disfrutó de ese tremendo paseo involuntario al que se vio sometida por
cuenta de un conejo con reloj. Cuantos conejos en la vida nos desvían de
nuestro rumbo y nos hacen transitar por caminos turbios y oscuros, haciéndonos sentir
perdidos de la vida misma? Cuantos sombrereros locos no hemos tenido que lidiar
en nuestro diario vivir pidiéndonos imposibles porque sus caprichos son mas
grandes que la posibilidad de cumplirlos? Cuantos medio trabados nos hemos topado que piensan que ellos son los dueños absolutos de
la verdad? Cuantos neuróticos sorteamos que no desean sino atraparnos y
volarnos la cabeza, en medio del orgullo que los ciega? Cuantos sometidos vemos
en el camino, que transitan hundidos en la desdicha, el desazón o la
cobardía? Cuantas veces se nos ha aparecido una voz que medio burlona, nos
cuestiona y nos hace razonar en medio de la locura, sin encontrar una salida? La
historia de Alicia termina cuando ella despierta azorada debido a la persecución
de las cartas de la Reina de Corazones. Imagino que ella continuó con su vida preguntándose
permanentemente si aquello existió en realidad.
Muchas veces la vida nos hace caer en esos agujeros,
persiguiendo un conejo con reloj. Iniciamos la frenética búsqueda de una salida
que nos lleve sanos y salvos a nuestro hogar y no hacemos mas que adentrarnos
en una serie absurda de situaciones, cada una mas bizarra que la anterior. Finalmente,
cuando logramos salir del hueco, cansados, agotados por el esfuerzo, nos queda aquel
sinsabor amargo, aquel sentimiento de frustración, de tiempo perdido, de energías agotadas, aquella sensación de retroceso en lugar de avance como personas, o como profesionales.
Lo que posiblemente no hemos pensado es que aquella carrera
contra el tiempo para salir del laberinto, mostró la casta de nuestro cuerpo, nos
demostró la madera fina que tenemos dentro, nos llevó por parajes obscuros de
la Mano Invisible que nos cuidó cuando solo dependíamos de nuestros instintos.
Nos hizo mas fuertes, nos agrandó y nos achicó para pasar por puertas
imposibles si hubiésemos tenido nuestro tamaño real. Esa carrera contra reloj,
contrario a lo que podría pensar los que la hemos vivido, nos hizo fuertes, nos hizo
grandes, nos hizo mejores.
Soy Pamela Cruz, escribiendo hoy 22 de julio,2015, para esos
amigos amigas e incluso para mi misma, para todos los que en algún momento de la vida, caímos en algún agujero y al salir sentimos que no hicimos nada. Lo hicimos todo, y hoy, somos mejores gracias a nosotros mismos.
