En los 60's hubo un fenómeno llamado el Babyboom, en el cual
palabras mas palabras menos, hubo una explosión demográfica de muchas mamas con
hijitos. El mercado se dirigió a satisfacer esta nueva cantidad de nuevos
clientes dedicados a criar bebes.
Bueno, yo estoy viviendo mi propio baby boom de manos de mis
amigas: 5 para ser exacta.Se dieron a la tarea de hacer la tarea casi al tiempo
y hoy asisto con una frecuencia casi quincenal a los festejos de la llegada de cada bebe. La experiencia ha sido bellísima. Asistir a estos eventos
cuando casi pensaba que ya estaba destinada a comenzar a asistir a quinceañeros
me ha rebajado por lo menos 10 años de mi edad mental. También ha servido para volver a recordar lo que yo viví
cuando esperaba a mi único y preciado hijo.
Yo, rebelde sin
causa la mayoría de las veces y con causa unas cuantas veces. Me parecía
absurdo que a las embarazadas se nos mirara como enfermas o discapacitadas. Me parecía inconcebible dejar de subirme a
edificios en construcción donde ofrecía las cerraduras que vendía en esa época
solo por el pequeño detalle de una protuberancia que salía solo de mi cintura y
me llevaba como 30 cm de delantera al resto de mi cuerpo. Hubo detalles poco
importantes como que alguien te cediera el puesto en alguna fila (cosa que si
me gusto) pero también hubo detalles que me causaron problemas como la manejada
o el cinturón de seguridad, que en aquella época no era ni importante ni
multable si no lo tenias puesto. Acostumbraba a recorrer la via 40 a la velocidad máxima
permitida, es decir 80kph claro que en algunas ocasiones como cuando me iban a
dejar de atender en alguna empresa, empujaba el acelerador de la camioneta y me
impulsaba rauda y veloz por la super 40 solo envuelta en el halo protector de
mi angel de la guarda y el de mi bebe que seguro terminaban agitados de
perseguirme todo el dia. Era invencible. Embarazada me sentía una super mamá,
no solo por lo 10 kilos que me habían ver enorme, sino porque mis hormonas
excretaban todas las fuerzas, las ganas y el animo para comerme al mundo. Nada
podría conmigo. Nada, hasta que nació quien me volvió cobarde y poco temeraria
con mi vida.
Desde que nació, mis reflejos se agudizaron al 2000%, mi ojo
nunca descanso antes de los 6 años, cuando el menor gemido me despertaba, mi
único oído bueno aumento el umbral auditivo y se volvió sensible ante la pose
de un mosquito que intentara picotear la virgen piel de mi hijo. Pero me volvi
cobarde. O sensata. Pero no fuí capaz nunca mas de alcanzar con mi hijo en el
carro velocidades que antes me hacían sentirme veloz en el volante. El solo
pensar en conducir sin cinturón, activaban las películas de terror de mi cabeza
y me imaginaba recorriendo mi propio funeral, el montarme a un avión se ha
convertido en una plegaria constante
rogando para que un accidente no deje a mi hijo sin madre. Cualquiera de mis
acciones presente y las que pienso para el futuro me condicionan al unico objetivo de mi vida: el bienestar
de mi hijo.
Soy Pamela Cruz escribiendo el 20 de julio de 2010, cuando reflexiono sobre los niveles de cobardía alcanzados cuando de mi depende alguien que te hace sopesar el riesgo en tu vida.
