Tengo a mi mamá en el hospital.
No deja de inquietarte y mover tus fibras que quien te cuida, ahora necesita de
tus cuidados. La ley de la vida. Nos va llegando. Y recibirla con optimismo es
lo único que nos fortalece. Como mis visitas al hospital siempre han sido
pasajeras, esta estadía se me hace eterna. Hacemos turnos, y nos apoyamos con
alegría porque las cosas mejoran día con día.
Mientras contemplo a mi madre
sentada en la cama con una tabla- mesa de cama de última generación, peleando
con el mouse del portátil y asomándose por el mundo virtual de facebook al
mundo real exterior, recuerdo la última vez
que pasé tanto tiempo metida en una clínica de hospital.
Creo que yo tenía unos 9 años. No
recuerdo el mes ni el día pero si la cama y los días que estuve internada. Era
la huésped de la cama No 4 de cuidados intensivos de urgencia del Seguro Social
de la vía 40. Tenia pulmonía, una gripa mal cuidada que terminó dejándome
convaleciente por 8 días en esa desagradable cama apenas separada de los demás por una pesada, triste y medio
sucia cortina verde de esa época. Aburrida como una ostra oía todo el tiempo
tos, quejidos y aparatos de mis vecinos a los que nunca les vi la cara. Mi mamá
siempre estuvo a mi lado, soportando la quejadera de una niña gruñona que no se
podía mover, que tenia tubos y que cada cierto tiempo era sometida a nuevas
inyecciones. Una tarde llegó mi padre con un minúsculo aparato que luego
descubrimos era un TV en blanco y negro de pilas que me envió mi amiga Tania
para que yo pudiera ver Robín Hood, la serie que en ese entonces no me perdía.
Recuerdo la alegría en mi interior apenas pude conectarme con otra cosa
diferente a la intravenosa. Recuerdo lo agradecida que estuve con mi amiga. Aún
lo estoy. Recuerdo que en ese momento me sentí afortunada, única y especial en
medio de aquel lugar.
A veces las circunstancias no son
las mejores, a veces tenemos reveses y a veces la vida nos pone en situaciones
donde todo se ve gris, triste y desesperante. Es posible ver un panorama
desalentador o es posible ver que, en medio de aquella escena, nosotros tenemos
algo que nos hace especiales, diferentes: Reyes o Reinas del lugar.
Pueden ser los amigos que se
toman el tiempo para acompañarte mientras te pasas las horas en una cama, puede
ser los nietos que te pintan cosas lindas cada día para subirte el animo, puede
ser un esposo que no muestra cansancio en medio de noches largas en cama
improvisada de hospital, puede ser un televisor o un computador que te asome
temporalmente al mundo de afuera. Puede ser la fe que Dios nos da para soportar
la prueba. En medio de tantas camas de hospital todos son tesoros que nos hacen
Tuertos en medio del reino de los ciegos.
Soy Pamela Cruz, escribiendo el 27 de septiembre del 2009, en
una tranquila tarde de domingo correspondiendo de alguna forma que aun no
considero suficiente a todos los cuidados que mi madre siempre me ha brindado.