Esta soy yo.


"Lo que inició como un espacio de desahogo, se convirtió en un espacio de testimonio. Lo que Dios ha hecho en mi vida, es mi deber contarlo. No para mí sino para glorificar Su Nombre, sobre todo nombre. Él vive, Él nos ama, Él es real. Él cambió mi vida, para siempre."

lunes, 20 de julio de 2015

EN EL REINO DE LOS CIEGOS, EL TUERTO ES REY

Tengo a mi mamá en el hospital. No deja de inquietarte y mover tus fibras que quien te cuida, ahora necesita de tus cuidados. La ley de la vida. Nos va llegando. Y recibirla con optimismo es lo único que nos fortalece. Como mis visitas al hospital siempre han sido pasajeras, esta estadía se me hace eterna. Hacemos turnos, y nos apoyamos con alegría porque las cosas mejoran día con día.

Mientras contemplo a mi madre sentada en la cama con una tabla- mesa de cama de última generación, peleando con el mouse del portátil y asomándose por el mundo virtual de facebook al mundo real exterior, recuerdo la última vez  que pasé tanto tiempo metida en una clínica de hospital.

Creo que yo tenía unos 9 años. No recuerdo el mes ni el día pero si la cama y los días que estuve internada. Era la huésped de la cama No 4 de cuidados intensivos de urgencia del Seguro Social de la vía 40. Tenia pulmonía, una gripa mal cuidada que terminó dejándome convaleciente por 8 días en esa desagradable cama apenas separada  de los demás por una pesada, triste y medio sucia cortina verde de esa época. Aburrida como una ostra oía todo el tiempo tos, quejidos y aparatos de mis vecinos a los que nunca les vi la cara. Mi mamá siempre estuvo a mi lado, soportando la quejadera de una niña gruñona que no se podía mover, que tenia tubos y que cada cierto tiempo era sometida a nuevas inyecciones. Una tarde llegó mi padre con un minúsculo aparato que luego descubrimos era un TV en blanco y negro de pilas que me envió mi amiga Tania para que yo pudiera ver Robín Hood, la serie que en ese entonces no me perdía. Recuerdo la alegría en mi interior apenas pude conectarme con otra cosa diferente a la intravenosa. Recuerdo lo agradecida que estuve con mi amiga. Aún lo estoy. Recuerdo que en ese momento me sentí afortunada, única y especial en medio de aquel lugar.
A veces las circunstancias no son las mejores, a veces tenemos reveses y a veces la vida nos pone en situaciones donde todo se ve gris, triste y desesperante. Es posible ver un panorama desalentador o es posible ver que, en medio de aquella escena, nosotros tenemos algo que nos hace especiales, diferentes: Reyes o Reinas del lugar.

Pueden ser los amigos que se toman el tiempo para acompañarte mientras te pasas las horas en una cama, puede ser los nietos que te pintan cosas lindas cada día para subirte el animo, puede ser un esposo que no muestra cansancio en medio de noches largas en cama improvisada de hospital, puede ser un televisor o un computador que te asome temporalmente al mundo de afuera. Puede ser la fe que Dios nos da para soportar la prueba. En medio de tantas camas de hospital todos son tesoros que nos hacen Tuertos en medio del reino de los ciegos.

Soy Pamela Cruz, escribiendo el 27 de septiembre del 2009, en una tranquila tarde de domingo correspondiendo de alguna forma que aun no considero suficiente a todos los cuidados que mi madre siempre me ha brindado.