Uno de los libros que más me ha
marcado como persona ha sido LOS BUFONES DE DIOS del autor Morris West. Este ex
sacerdote dedicó gran parte de su vida a escribir sobre las intrigas de poder y
también sobre los conflictos internos que viven quienes se dedican a servir al
Señor desde la iglesia católica.
El libro todo es hermoso y tiene
una trama que me atrapó el inicio hasta su inesperado final. Sin embargo, en
medio de todos los sucesos, uno pequeño, el que le da el nombre al libro, fue
quizás el que más movió mi interior. En un parque, el protagonista conoce a una niña con Síndrome de Down que
alegre se sienta en sus piernas. El, que tiene todo su mundo de cabeza,
cuestiona con su terapeuta por qué Dios con su infinito poder, trae al mundo
niños imperfectos, niños que sufren, niños que son apartados por los demás. El
terapeuta, le expone su teoría: estos niños son
bufones de Dios, son los que Le Dan alegría, para El no son imperfectos,
son perfectos, son inocentes, son francos y nobles. Le explica que somos
nosotros quienes con nuestros ojos miopes los vemos anormales, pero que a Sus
Ojos son, tan o mas normales que nosotros mismos, porque El los ve en su
interior con el corazón y su corazón es perfecto.
Ese pequeño dialogo del libro,
cambió para siempre mi forma de ver a los niños que son diferentes ante
nuestros ojos. No los veo con compasión sino con respeto, con una enorme ternura,
porque ellos hacen felices a Dios, porque son seres que vinieron a la tierra
con la importante misión de hacernos ver el interior, hacernos ver con el
corazón y no con la razón.
Estuve en el concierto de Tony Meléndez.
En el video que nos mostraron iniciando el show, vi el rostro de un niño
hermoso, sin brazos. Nació sin dos de nuestras más apreciadas armas para
defendernos en la vida. Lo vi frente a mis ojos, literalmente en primera fila, cantando,
rasgando con energía una guitarra que a mí no me sonaría igual si la tocara con
mis dos manos. Lanzando freebes a la audiencia, aplaudiendo, dirigiéndonos la
noche, todo con sus pies. Con unos pies grandes, sometidos al doble de trabajo
que el nuestro, porque además de caminar o correr, hacen las funciones de las
extremidades que ahora escriben esta nota. No vi un hombre imperfecto, no vi un
hombre anormal, no vi un hombre exponiendo su tragedia ante nosotros. No vi
eso.
Vi un hombre feliz, humilde,
normal, con esposa, hijos, con hermanos, como nosotros. Un hombre que recorre
el mundo con la misión de mostrarnos su corazón, de transmitir esperanza y
alegría. Un hombre que con su sola presencia nos dice: no importa si nacimos
sin algo, no importa si en el camino nos quitaron una parte del cuerpo que se
ve o que no se ve, no importa si en este momento nos vemos feos ante nuestros
ojos o ante los ojos de los demás. Seguimos siendo perfectos ante Sus Ojos.Porque es precisamente lo que
llevamos en el corazón lo que nos hace el ser mas perfecto creado por El.
Soy Pamela Cruz escribiendo el 4 de octubre 2009, en un
domingo de playa, pensando en mis amigos a quienes algo de afuera les falta
pero que tienen intacto su interior, mirando a los que amo y mirándome a mi
misma con el corazón.