Pim Pim era una pulga valiente. No todas las pulgas que
conozco se habían atrevido a viajar al Sahara atravesar el desierto en la joroba
de un camello y sobre todo dirigir sus pasos.
Lo hacia con maña, como quien le habla al oído a alguien
para que haga lo que uno quiere. En este caso, literalmente le hablaba al oído
casi tan bien pero tan bajito que el pobre camello atravesó el desierto
convencido que su voz interior lo llamaba a hacer una travesia grandiosa que
quedaría grabada en los anales de la historia de sus futuras generaciones. Casi
que se veía siendo alabado por su pueblo de camellos, claro si tenia otra vez
el valor de regresar de semejante travesía.
Pim – Pim casi ahogaba sus carcajadas cuando escuchaba al camello hablar para si mismo
y repetir las ordenes que le daba su “Yo interior” y luego de revisarlas
brevemente, aceptarlas. Asi Pim Pim conoció el desierto del Sahara, y luego
cuando estuvo en su destino ya no quiso devolverse con el camello, quedando este triste porque su voz ya no le decía que hacer.
Pím pim también recordaba aquella vez que viajo a Europa en
el cuello de un Snauwser. Era Gris, remilgado, mascota, o de pronto dueño, de
una señora que a toda hora le preguntaba si queria comer algo mas. El perro que
se llamaba STRUFF, nombre que parecia un ladrido, solo atinaba a levantar la
cabeza mirarla con ojos entre tristones y vagabundos y volver a acomodarse en
su silla de primera clase. Pim Pim quería silencio. El viaje era largo pero no
lo suficiente para decirle al perro que hiciera diabluras. Ya hubiera podido
hacer un pequeño lio y bien sabia pim pim que no le convenia nada desconcentrar
al piloto de la nave. Hubiera preferido colocarse en el oído del piloto pero ya
era tarde para eso y le toco resignarse y pensar que si todo salía bien, pronto
estaría en Paris. Soñaba con tomarse una foto en la Torre Eiffel, pero quería
conocer a alguien con cámara. Queria visitar el Restaurante de Ratatouille pero
no tenia mapa. Aun asi Pim pim era valiente y sentía que nunca antes otra pulga
había hecho algo semejante. Cuando bajo del avión, lo esperaba una limosina
para llevarlos al Ritz. A Pim Pim no le hizo gracia tanta pompa de la mascota
del perro, perdón, de la dueña de STRUFF por lo que se despidió de su amigo con
un discreto Ciao, recordando las palabras en italiano que aprendió alguna vez cuando
vivió en casa de una profesora de italiano.
Pim Pim quería aventura. Ya en América había vivido lo
suficiente. Para una pulga que se supone debe vivir 10 años, sus 3 años era la
flor de la juventud, se sentía ágil y con energía. Decidio primero conocer la
parís romantica que conocía en las películas de amor. La ciudad bohemia donde
se conocían artistas donde los actores, los pintores los escultores conocían la
pobreza pero también la riqueza de la amistad.
Los ricos solo conocían la avaricia y el deseo
de gastar y gastar. Mientras los escultores y los pintores, tenían casitas
pequeñas pero muy decoradas por dentro, los ricos tenían mansiones, con
esculturas de hielo, oro en las paredes. Lo único que querían era gastar ,
gastar y gastar. Después que Pim Pim los conoció a todos decidió quedarse en la
oreja de un Shit Tzu. Muy caliente y cómodo se quedo allí dos noches. Luego
feliz de haber dormido, decidió partir a su viaje a la Torre Eiffel
pero primero debía tenia que alistar sus cosas para la ocasión, asi que llevo un
kit de medico para curarse , muchos nylon unidos y una cámara. Lo ultimo que
tomo fue bastante comida que consiguió con el pintor. Pim Pim puso todas las
cuerdas y mando a un pastor alemán a colocarlas en la punta de la torre Effiel. A Pim Pim se le ocurrió una idea: podía escalar la torre por fuera y tener un
pequeño paracaídas para no lastimarse si se resbalara.
Pim Pim logró escalar la
Torre y emocionado tomó 4 fotos: una para su amigo el Snawser, otra para su
amigo el Shit Tzu, otra para el Pastor Alemán y la ultima la dejo para recordar
su viaje a Paris.