Esta soy yo.


"Lo que inició como un espacio de desahogo, se convirtió en un espacio de testimonio. Lo que Dios ha hecho en mi vida, es mi deber contarlo. No para mí sino para glorificar Su Nombre, sobre todo nombre. Él vive, Él nos ama, Él es real. Él cambió mi vida, para siempre."

lunes, 20 de julio de 2015

EL PODER DE LOS RITUALES

Cuando era mas joven, en la última navidad que disfruté de mi abuela tuve la oportunidad de realizar un ceremonial de aquellos que mi padre siempre criticaba aún no sé si por largo, si por monótono o por emotivo. Aquel 31 de diciembre faltando minutos para las 12, prendimos velas, apagamos luces y dedicamos lo últimos minutos del año 1991 a quemar un papel con las cosas malas sucedidas, a escribir las buenas y decirlas a todos y a hacer nuestro listado de propósitos para el año siguiente y conservarlas en algún lugar. Con mis amigos del colegio aún conservo este ritual anual que nos encanta. Nos reunimos una vez al año a hacer exactamente lo mismo que hacíamos en casa, es una especie de terapia, compartir lo bueno y lo malo pasado en el año que se termina y nuestros sueños del año siguiente.

Varias veces,  cuando era más pequeña y llegaba el día de la madre, casi que obligaba a mis hermanas y a mis vecinas, Claudia y Alexandra a armar todo un programa en homenaje a las madres. Las pobres soportaban toda la tarde viéndonos recitar, actuar o cantar en la casa de turno. Comían dulces, gaseosas y no recuerdo que más.

Cuando me casé con mi esposo luchamos a brazo partido para celebrar nuestra boda en la playa, por el profundo significado que tiene el mar para mi esposo y por el romanticismo que despierta, en una época donde todos se casaban de noche. No la ganamos porque como era época de lluvia nos convencieron, pero si gané la batalla de escoger mis flores de mil colores, que  era mi forma mi contravía a todo lo clásica y formal. Pobres de mi madre y mi suegra cuando intentaron decorar la iglesia con tradicionales rosas blancas.

Cuando cumplí 10 años de matrimonio, realizamos nuevamente nuestra renovación de votos sin esperar a los 25 años. El planteamiento era sencillo: en una época donde todos se casan y descasan con la rapidez de un SI, llegar a 10 años es toda una proeza. Lo celebramos en una ceremonia bellísima acompañados de nuestros amigos, nuestro círculo familiar y nuestro hijo.

Los pequeños rituales llenan las recuerdos de significado. Sin ellos la vida sería como una sopa sin sabor. Que la adobemos con sal, pimienta o picante es opcional de cada cual, eso es lo que la hace especial.

En estos días cuando todos critican que Mockus y su mujer se hayan casado en el lomo de un elefante, bajo la lona de un circo, sólo recuerdan la ridícula escena que vieron  en televisión y en las fotos de la época. Nadie, ni yo, lo confieso, sabía la romántica historia que contienen esas imágenes para los protagonistas. Como describía la revista Gente en su entrevista a la futura Primera Dama,  al ser Antanas separado, le pidio que se casaran en un lugar que reuniera solo 3: 1 un lugar no impersonal (como una notaria), 2 donde reinara la armonia de la diversidad y donde se realizaran rituales. Ella le propuso, en broma un cirso y se dieron cuenta que si cumplía con las tres. Hay mayor romanticismo que ver realizado  tu deseos con el príncipe de los sueños, cumpliendo con los 3 acertijos que de pronto otro no había sido capaz de resolver?


Soy Pamela Cruz, escribiendo el 12 de mayo después de leer una nota que conmueve mi fibra romántica en una campaña electoral, donde hasta lo romántico, se quiere hacer ver como perverso.