Esta soy yo.


"Lo que inició como un espacio de desahogo, se convirtió en un espacio de testimonio. Lo que Dios ha hecho en mi vida, es mi deber contarlo. No para mí sino para glorificar Su Nombre, sobre todo nombre. Él vive, Él nos ama, Él es real. Él cambió mi vida, para siempre."

lunes, 20 de julio de 2015

YO SIEMBRO, TU SIEMBRAS.... BARRANQUILLA SIEMBRA

Soy hija de amantes de la tierra. Mis padres crecieron en el campo, aprendieron a cultivar, a trabajarla y a esperar pacientemente que alguna vez diera sus frutos. Mis padres y mi abuela fueron los precursores de la consciencia de reciclaje. Cuanta lata o frasco que se usaba en casa era el futuro recipiente de las innumerables plantas que adornaron patio, pasillos, ventanas y terrazas familiares.

Yo en cambio, fui hija de ciudad toda la vida. Los mosquitos me dejaban ronchas y siempre terminaba con alguna espina clavada en la planta del pie, un cadillo pegado a la ropa y mucho fastidio encima, cuando a mis padres les daba por visitar fincas, campos o pastizales. Lo único que sobrevivió a mi fue un cactus que, pese a ser fuerte casi sucumbe, porque inclusive en el desierto recibía más agua de la que yo le brindaba.

Con esos antecedentes ecológicos, el día que llegue eufórica gritando que estudiaría Agronomía en la Universidad del Magdalena, mi papa sabía que esa decisión tenia nombre y apellido. No se equivocaba. Me había enamorado de un estudiante de agronomía, había aplicado, a escondidas,  y había sido aceptada en esa universidad. Así que mi padre, conociendo el talante de su hija, nunca dijo “JAMAS”, lo que me generó bastantes suspicacias. Al contrario de lo que yo pensaba, mi “comprensivo” padre me apoyó, y un día cualquiera llegó con dos cupos para asistir, Padre e Hija a un Curso de Cultivos Hidropónicos. Me compró todos los elementos y los dos asistimos emocionados al Seminario. 

Después de dos meses de intentar que el semillero de tomates y ajies germinara en la teja con canaleta que servía de Matera, instalada en el patio de mi casa, y repleta de cascarilla de arroz, que suplantaba la tierra natural,  por fin logró dar…. Arroz!!! Que tristeza tan infinita cuando lo único que pudo nacer después de muchos días de agua, descuidados, en mi propio huerto, ni siquiera había sido sembrado por mí. Y allí mismo, y con la cascarilla de arroz, murieron mis deseos por ser agrónoma.

Sobra decir en que me convertí: en Ingeniera Industrial y en mis ratos libres en una escritora frustrada. Sin embargo, siempre me quedó la frustración de no haber sido capaz de cultivar algo en el patio de mi casa. Ya casada, he logrado que mi apartamento tenga algunas plantas y una espectacular sábila que adorna la sala de mi casa y que me indica cual invitado tiene la energía positiva o negativa por la altura que alcanzan sus puntas.
Alguna vez, mientras paseaba mi perro, comencé a ver que el paisaje urbano tiene más que calles, carro y edificios. Silenciosos se levantan los árboles que sobreviven a nuestra indiferencia y maltrato. Y comencé a fotografiarlos. Y comencé a registrar tanto las bellezas que día a día nos iluminan el camino como las atrocidades que cometemos en nombre del progreso.

Hay mas como yo. Los he descubierto en el camino. Mas seres pensando en lo que estamos destruyendo y en cómo hacer que otros seres vean lo que tienen ante sí, pero la prisa, las distracciones y el tiempo no lo permiten. Seres como Irene Charco y Mauricio Cherken que lideran una campaña que no había visto nunca en Barranquilla. Una campaña comparable a la que en los años 40´s lideró Ezequiel Rosado cuando logró con el apoyo de rectores de colegios, sembrar masivamente arboles por la ciudad, con las manos de los estudiantes de la época. Y fueron esos estudiantes los responsables de los árboles que hoy disfrutamos en calles como la del Boulevar del Prado y en barrios populares de Barranquilla como la Ceiba, La Victoria y el Carmen, que sembraron ayer y cuyos vecinos hoy disfrutan de sombra y frescor en las tardes barranquilleras.

Un par de valientes, montaron una campaña bellísima. BARRANQUILLA SIEMBRA. Porque si nosotros los Barranquilleros, no sembramos, no tendremos legado que dejarle a nuestros hijos. No tendremos herencia que enorgullezca a nuestros futuros habitantes. Si nosotros no sembramos, la Arenosa, será mas Arenosa que nunca, llena de calles sin sombras, de edificios enormes con ridículas palmeritas playeras mal ubicadas recordándonos el calor del mar, en una ciudad que debe ser un ejemplo de calles frescas y calor de gente.


Soy Pamela Cruz escribiendo hoy 03 de junio/2013 para apoyar una campaña que busca dejar un legado colectivo a esta ciudad. Sembrar un árbol, Tener un hijo y escribir un libro. Con hacer una de las tres, ya tenemos asegurada la inmortalidad y la huella en esta tierra.