Fue un 31 extraordinario. De alguna manera, este fue
diferente. Minimalista, diría,si se habla en términos de decoracion. Solo
eramos dos familias, solas sin infiltrados. Era extraño, porque por
primera vez en muchos años eramos pocos, pero eramos todos. Pasamos la noche
cantando rancheras, boleros, todas canciones viejas, algunas nunca las había
escuchado, canciones cantadas a solteras q luego terminaron casadas.
Escuchábamos y cantábamos. Y escribimos en un raro ritual inventado por mi.
Sacamos los papeles para contar lo bueno, quemar lo malo y dejar x escrito los
deseos para el año siguiente.
Mientras espero afuera en la funeraria, solo esa imagen
recuerdo de toda una noche de fiesta familiar: Que estábamos todos, que eramos
felices y que estábamos juntos. El esposo me abraza y llora y entre llanto
susurra "como cantamos de rico aquella noche de 31". Y yo lloro.
Lloro porque también me acuerdo, lloro porque ayer estaba
cantando y hoy reposa acostada en un cajón. Inerte, quieta para siempre.
Todo lo que dicen de la fragilidad de la vida,
bla,bla,bla.... Hoy es verdad. No me puedo quitar de la cabeza que ayer
cantamos juntas y hoy no recuerdo la letra, solo me queda el recuerdo.
Cuatro hombres lloran una muerte. Cuatro hombres deben
aprender a vivir con su recuerdo. Cuatro hombres deben curar un corazón
partido. Cuatro hombres deben aprender a hacerlo latir con cicatrices y a
sentir las punzadas de dolor en épocas claras, cumpleaños, navidad, madres,
sábados, domingos, días de lluvia, de nostalgia. Cuatro hombres deberán
aprender a escuchar en el silencio, a sentir su presencia, a recordar su
consejo. Cuatro hombres deberán aprender a sentir que allá donde esté esta
feliz. Aunque el dolor de una partida los haga ver egoístas.
Y mientras ellos aprenden y yo veo impotente como aprenden
sufriendo, pienso en todos los momentos que vivo día a día, esperando que la
vida de un zarpazo y convierta ese momento normal, en la ultima vez que vi, o que
me vieron.
Soy Pamela Cruz escribiendo hoy 12 de febrero 2013, no
acerca de la muerte, sino de la vida, y la oportunidad de vivirla. Compartirla
cuando aún tenemos tiempo y podamos con quienes amamos y a quienes apreciamos.