Cuando estaba en el colegio, (estudié en un colegio
presbiteriano), cada mes previo a la Semana Mayor, teníamos una serie de
Asambleas religiosas con predicadores bastante carismáticos que nos hablaban de
la acción salvadora de Cristo.
Yo niña, estuve, desde 12 años hasta que me gradué,
cada año en estos ciclos, donde el
ultimo día, preguntaban a la audiencia quienes querían ser salvados y aceptar a Cristo en su
corazón y solicitaban que alzaran la mano y pasáramos al frente arrepentidos de
nuestros pecados. Yo reflexionaba sobre las peleas sostenidas con mis hermanas,
mi egoísmo al no prestar mis útiles a mis compañeros, las groserías que a veces
le decía a mis padres; cerraba mucho los ojos, casi me dolía el esfuerzo ocular
y trataba de concentrarme para sentir a
Cristo en mi corazón. De veras lo quería, de veras lo ansiaba. Sobre todo
cuando veía por el rabillo del ojo a mis amigas, las más fervorosas, aparentemente sentir que El había entrado en su corazón; sin embargo, yo no lo
sentía. De hecho creo que la única vez que lo sentí conscientemente fue el día de la Primera Comunión.
Más tarde, cuando comencé a analizar a mi abuela y sus hábitos
religiosos, así como los de la abuela de mi vecina, quise sentir lo mismo que
ellas sentían. Cada mayo cuando era obligada junto con mis hermanas a rezar el
rosario durante todo el mes, quería sentir a la Santísima Virgen María, cerraba
los ojos y esperaba sentir Su Presencia,
hasta que el codazo que me daba mi mamá por quedarme dormida me despertaba sin
sentir nada sobrenatural. Durante la Semana Santa me ví todas las películas
religiosas con la esperanza de que el ejemplo ilustrado y actuado hiciera que
sintiera a Jesús en mi corazón, y nada.
Durante todos esos años asistí a la iglesia muchos domingos,
primero obligada por mi abuela, después por mis padres y luego por mis amigos,
como una forma de plan para cenar después del servicio cada domingo, durante
una época universitaria. También, de novia con el que hoy es mi esposo, iba a misa a oír sin
escuchar, como una de las citas de novios que me permitían estar cerca de él.
Pero nada hacía que sintiera a Jesús en mi corazón. Si a eso le añadimos,
tantos años de teoría de la evolución, con Darwin a la cabeza, mis ganas de
creer se confundían entre los escritos
de los cuatro primeros libros de la Biblia, y los hallazgos científicos de
dinosaurios, las teorías de que para Dios un día no necesariamente tenía 24
horas si no podía tener millones de días. Todo seguía siendo confuso en mi interior.
Añado a esto mi formación de ingeniera donde desde los primeros años tenía que
demostrar los ejercicios porque solo con la respuesta no bastaba.
Me alcancé a declarar escéptica de la religión. Claro lo
declaré para mi interior porque si lo decía en público seria más incomprendida
de lo que hasta ahora soy, sin necesidad
de un ingrediente adicional a mi compleja personalidad. Mi vida transcurrió
normal hasta que un hecho me cambio totalmente, de pies a cabeza y ya no
necesité cerrar los ojos hasta hacerme doler la cabeza para sentir Su Presencia
en mi interior. El hecho llego sin avisar como todas las cosas bellas de la
vida. Sin aspavientos. Es mas sin que los de afuera lo notaran. Llego
privadamente y lleno mi interior de un gozo que no se ha ido. Que me ha ayudado
a soportar las verdes y las maduras, sin resentimiento. Que me ha dado la
fortaleza y el sentido a mi vida, de una
forma nunca antes esperada.
No me considero una mala persona. Creo que soy buena
persona, la mayoría de las veces, con mis defectos y cualidades. Eso me hace
única. Y el haber tenido ese dilema interior durante tantos años no me hizo
menos o más apreciada entre mis amigos, entre
los pocos que sabían de la situación.
En estos días cuando mi candidato es ferozmente atacado por
su creencia religiosa, viendo el video donde se supone que dice que es ateo, y
comprobando que lo que en realidad dice con una franqueza de la que no fui
capaz yo en su momento, es que “Soy escéptico como buen matemático”, recuerdo esos
momentos de mi vida donde alcance a sentirme escéptica o agnóstica. Y que por
temor no quise divulgar al público en general.
Soy Pamela Cruz, escribiendo el 06 06 2010, para los que alguna vez se
sintieron como Santo Tomas, Hasta no ver no creer, y demoraron mucho para ver,
o aún no lo han logrado.