Esta soy yo.


"Lo que inició como un espacio de desahogo, se convirtió en un espacio de testimonio. Lo que Dios ha hecho en mi vida, es mi deber contarlo. No para mí sino para glorificar Su Nombre, sobre todo nombre. Él vive, Él nos ama, Él es real. Él cambió mi vida, para siempre."

lunes, 20 de julio de 2015

CREER, NO CREER O DUDAR?

Cuando estaba en el colegio, (estudié en un colegio presbiteriano), cada mes previo a la Semana Mayor, teníamos una serie de Asambleas religiosas con predicadores bastante carismáticos que nos hablaban de la acción salvadora de Cristo. 

Yo niña, estuve, desde 12 años hasta que me gradué,  cada año en estos ciclos, donde el ultimo día, preguntaban a la audiencia quienes querían ser salvados y aceptar a Cristo en su corazón y solicitaban que alzaran la mano y pasáramos al frente arrepentidos de nuestros pecados. Yo reflexionaba sobre las peleas sostenidas con mis hermanas, mi egoísmo al no prestar mis útiles a mis compañeros, las groserías que a veces le decía a mis padres; cerraba mucho los ojos, casi me dolía el esfuerzo ocular y trataba de concentrarme para sentir a Cristo en mi corazón. De veras lo quería, de veras lo ansiaba. Sobre todo cuando veía por el rabillo del ojo a mis amigas, las más fervorosas, aparentemente sentir que El había entrado en su corazón; sin embargo, yo no lo sentía. De hecho creo que la única vez que  lo sentí conscientemente  fue el día de la Primera Comunión.

Más tarde, cuando comencé a analizar a mi abuela y sus hábitos religiosos, así como los de la abuela de mi vecina, quise sentir lo mismo que ellas sentían. Cada mayo cuando era obligada junto con mis hermanas a rezar el rosario durante todo el mes, quería sentir a la Santísima Virgen María, cerraba los ojos y esperaba  sentir Su Presencia, hasta que el codazo que me daba mi mamá por quedarme dormida me despertaba sin sentir nada sobrenatural. Durante la Semana Santa me ví todas las películas religiosas con la esperanza de que el ejemplo ilustrado y actuado hiciera que sintiera a Jesús en mi corazón, y nada.

Durante todos esos años asistí a la iglesia muchos domingos, primero obligada por mi abuela, después por mis padres y luego por mis amigos, como una forma de plan para cenar después del servicio cada domingo, durante una época universitaria. También, de novia con el que  hoy es mi esposo, iba a misa a oír sin escuchar, como una de las citas de novios que me permitían estar cerca de él. Pero nada hacía que sintiera a Jesús en mi corazón. Si a eso le añadimos, tantos años de teoría de la evolución, con Darwin a la cabeza, mis ganas de creer se confundían entre los escritos de los cuatro primeros libros de la Biblia, y los hallazgos científicos de dinosaurios, las teorías de que para Dios un día no necesariamente tenía 24 horas si no podía tener millones de días. Todo seguía siendo confuso en mi interior. Añado a esto mi formación de ingeniera donde desde los primeros años tenía que demostrar los ejercicios porque solo con la respuesta no bastaba.

Me alcancé a declarar escéptica de la religión. Claro lo declaré para mi interior porque si lo decía en público seria más incomprendida de lo que hasta ahora soy, sin necesidad de un ingrediente adicional a mi compleja personalidad. Mi vida transcurrió normal hasta que un hecho me cambio totalmente, de pies a cabeza y ya no necesité cerrar los ojos hasta hacerme doler la cabeza para sentir Su Presencia en mi interior. El hecho llego sin avisar como todas las cosas bellas de la vida. Sin aspavientos. Es mas sin que los de afuera lo notaran. Llego privadamente y lleno mi interior de un gozo que no se ha ido. Que me ha ayudado a soportar las verdes y las maduras, sin resentimiento. Que me ha dado la fortaleza y el sentido a mi vida, de una forma nunca antes esperada.

No me considero una mala persona. Creo que soy buena persona, la mayoría de las veces, con mis defectos y cualidades. Eso me hace única. Y el haber tenido ese dilema interior durante tantos años no me hizo menos o más apreciada  entre mis amigos, entre los pocos que sabían de la situación.
En estos días cuando mi candidato es ferozmente atacado por su creencia religiosa, viendo el video donde se supone que dice que es ateo, y comprobando que lo que en realidad dice con una franqueza de la que no fui capaz yo en su momento, es que “Soy  escéptico como buen matemático”, recuerdo esos momentos de mi vida donde alcance a sentirme escéptica o agnóstica. Y que por temor no quise divulgar al público en general.


Soy Pamela Cruz, escribiendo el 06 06 2010, para los que alguna vez se sintieron como Santo Tomas, Hasta no ver no creer, y demoraron mucho para ver, o aún no lo han logrado.