Esta soy yo.


"Lo que inició como un espacio de desahogo, se convirtió en un espacio de testimonio. Lo que Dios ha hecho en mi vida, es mi deber contarlo. No para mí sino para glorificar Su Nombre, sobre todo nombre. Él vive, Él nos ama, Él es real. Él cambió mi vida, para siempre."

lunes, 20 de julio de 2015

EN DEFENSA DE LAS MOTOS - Reflexiones de un país que no planea y que discrimina

Pertenezco a una generación de hijos de inmigrantes del interior del país que vino a la Costa hace mil años buscando un futuro mejor para su familia. Mis recuerdos de niñez, aunque alegres, están rodeados de estrechez económica y de la profunda convicción de que solo el ahorro podría llevarnos a un futuro mejor.

Como poco a poco íbamos superando las dificultades económicas, cuando mis padres adquirían un bien que mejoraba nuestro modus vivendi, era todo un acontecimiento familiar. De una humilde casa pasamos a un apartamento ubicado en un popular sector de Barranquilla, de andar en los enormes buses de madera, un dia pasamos a montarnos en una Super Susuki, no recuerdo el modelo. Solo recuerdo que era roja, reluciente, nueva y que mi padre la sacó, no como un lujo para mostrar, sino, luego lo entendí, como el primer activo del negocio que en su cabeza se comenzó a gestar.

La llegada a la moto, fue un avance importante en nuestro estatus de vida. Mi papa llegaba mas temprano a la casa porque tenia como movilizarse. De vez en cuando, si nos portábamos bien nos montaba y nos daba paseo en moto, una delante de el, antes que salieran todas aquellas prohibiciones sobre como y que ponerse para montar en moto. Mi papa adquirió pericia en armar su baúl de moto para montar todos los pedidos que le tocaba entregar, en la época donde era gerente, mensajero, despachador, vendedor y cobrador de la empresa. No sabia mucho de accidentes en moto asi que no me asustaba montar en ellas. Solo recuerdo un hecho terrible de dos motos donde los conductores eran esposos y los acompañantes sus hijos, murieron atropellados en la autopista de la 46 a la altura del puente de la circunvalar. Mi papa ya tenia un flamante carro cuando lo vimos, y estuvo a punto de montar en la parte de atrás a la mujer que era la única moribunda porque el resto de la familia había muerto, espantosamente, en época en la que llamabas a las ambulancias y llegaban cuando el herido era muerto.

Con el tiempo mi padre paso de moto a carro pequeño usado, luego dos usados y después uno nuevo y uno usado, cuando ya el negocio era prospero y la familia disfrutaba de comodidades que nos hacían dormir tranquilos. Pero de su moto, el primer activo que tuvo, tengo los mejores recuerdos y es símbolo del nuestro primer escalon en la mejora de economía familiar.

Mis recuerdos con motos incluyen a mi primer novio que me visitaba con su famosa FZ-50 todo un icono de la juventud en esa época. Me paseaba de vez en cuando a la horrorosa velocidad de 30 km/hr que consideraba todo signo de rebeldía ochentera. Mis primeros chances universitarios, fueron en moto. Recuerdo a mi querido amigo Alberto, que me recogía bien temprano en la mañana para nuestra clase de Calidad. Sentir el viento en la cara a las 6:15 am era una deliciosa forma de soportar una clase a una hora tan inconveniente.

A partir del 2004-2005, Colombia se vio inundada por promociones de motocicletas provenientes de la China, AKT montó una ensambladora, teniendo en cuenta el éxito y la gran demanda de motos que se comenzaron a vender hasta en los supermercados. Barranquilla no fue la excepción y de pronto se montaron concesionarios de motocicletas por toda la ciudad. Increíblemente, se inicio la bonanza de las motos y las ventas no solo de la ciudad sino del país, se dispararon ayudados por financiaciones de Codenza y de otras compañías.  Imagino que todos estaban tan felices con esa bonanza de impuestos, transito y demás, que no reflexionaron por un segundo que tanta venta traería congestión, que las calles no estaban preparadas para recibir tanto vehículo y que no todo el que compraba moto, conocía las normas de transito y las normas de convivencia motorizada.

El gobierno que ahora quiere aplastar las motos, en su momento se hizo el de la vista gorda cuando el problema apenas comenzaba. Ahora las motos son un mal, son mal vistas y a sus conductores, el simple hecho de tener un casco, los incluye en la categoría de sospechoso de cualquier futuro hecho delictivo. 

A mi no se me olvida que fue el primer transporte familiar y que gracias a él, mi padre llegaba temprano a la cena. 

Soy Pamela Cruz escribiendo el 23- 01-2011 sobre un problema que causaron las mismas autoridades que le dieron vía libre a la importación indiscriminada de motos y que hoy discriminan a todo el que se transporta en una de ellas.