Una vez hace mucho tiempo cuando
era más joven y una rebelde sin causa, se me ocurrió ir a un paseo de aquellos
que llamábamos osados para la época. Hija de padres liberales con costumbres
muy conservadoras, me negaron el permiso al primer intento. Traté
infructuosamente por las vías diplomáticas, que dicho sea de paso, eran muy
malas y como no funcionaron ni la adulación ni la cortesía, pues no me quedo
otra que desafiar al sistema. Y en mi casa ardió Troya. La pelea con mi papa aún
la recordamos los dos porque duro 3 meses donde ni siquiera el saludo existió
entre nosotros. Al mejor estilo de cualquier novela, había intermediarios entre
nuestras conversaciones porque no escuchábamos las palabras que llegaban
directamente de la boca contraria. Después de una férrea disciplina y de una
voluntad, de la cual hoy me arrepiento porque no me gustaría que mi hijo lo
hiciera conmigo, me dieron el permiso.La noche que finalmente me
dijeron “si, váyase”, no dormí de la emoción. La noche siguiente, no dormí de
la angustia. “Joder”, y ahora que hago con este permiso?
Había luchado tanto y me había
imaginado que no lo obtenía, que solo me había concentrado en todas las
justificaciones que iba a repartir entre mis amigos cuando me preguntaran. Y
Ahora, que lo tenía, que era mío, que iba a hacer? El miedo se apoderó de mi.
Me daba susto viajar sola. Mejor dicho, una amiga mía en ese entonces se
burlaba diciendo había matado el tigre y me daba miedo el cuero. Tenía que ser
cuidadosa porque ese permiso me otorgaba una responsabilidad de no defraudar la
confianza de mis padres.No hacer cosas indebidas en el paseo, de mantenerme en mi puesto y
de tomar decisiones sabias. En el paseo no sucedió nada para recordar y hasta rico la
pasamos, pero en esa época, alcancé a lamentar que me hubieran dado el permiso.
Así tendría solo la excusa para presentar y ninguna responsabilidad que
administrar.
El viernes recordé esta historia
porque me sentí igual. Después de meses de rogar porque la Corte dijera que no,
dijo que no. Luego de la euforia inicial, me pregunto “Ahora que hago con este
permiso?” Como en mis mejores épocas, ahora estoy en la tarea de mirar como uso
mi permiso correctamente. Menos mal internet existe. Estoy en la tarea de
revisar las WEB de cada uno para conocerlos y asi tomar una decisión que me
permita dormir tranquila por los próximos 4 años. Hay gente muy buena y gente no tan buena y es
tan difícil reconocer la diferencia. Hay grandes retos y avances en lo que no
podemos retroceder, hay grandes problemas que no podemos permitir crecer. El
tigre está muerto, no puedo tenerle miedo al cuero.
Soy Pamela Cruz escribiendo hoy
domingo 28 de febrero/10 mientras la naturaleza manifiesta en el mundo su malestar
por nuestro trato.